Dice una verdad científica a medias que hay un número determinado de horas que cada ser humano puede tomar el sol a lo largo de la vida, y que cuando se sobrepasa ese límite, vienen los problemas. Se le llama 'el capital solar'. No es del todo así, pero pongamos que sí. Pongamos que hay un número también determinado de noticias protagonizadas que un ser humano es capaz de asimilar. Contaba Germán Beardo (El Puerto, 1985) en el pleno municipal de este viernes que ya fue imputado con 26 años y que aquello quedó en nada. Para casi cualquiera a esa temprana edad habría supuesto el final, la razón para irse a casa, el susto en el cuerpo. Aquello quedó en nada y Beardo llegaría a alcalde. Lo hizo en 2019, aprovechando que el PSOE y las formaciones a la izquierda no supieron consolidarse en el mandato de 2015.El Puerto es una ciudad especial de múltiples identidades, como diferentes son sus barrios. Algunos problemáticos y otros de lo más adinerado. Portuenses son no solo los de El Puerto, sino los que van tres meses a El Puerto, porque a sí mismos se definen portuenses. En esa variedad social sabe navegar políticamente Germán Beardo, impulsado por sacar un orgullo de ser portuense que tanta falta le hacía a esta y otras ciudades. Eso se manifiesta, por ejemplo, en que la ciudadanía está abrazando y disfrutando sus fiestas. El tándem Beardo-Calleja salió ganador en el ticket electoral del 23. Y aunque en El Puerto hay evidentes cosas a mejorar, no es menos cierto que quien haya querido encontrar gestión, ha tenido alguna razón para pensarse el voto, por ejemplo, a cuenta de la reducción a cero de la deuda. Beardo está también en esa micropolítica. Lleva siete años de alcalde respondiendo por Facebook personalmente a quienes demandan mejoras o critican su gestión. Sus redes han sido muchas veces el lugar al que peregrinar para avisar -o recriminarle- una acera levantada o el ruido en su calle. Y le ha valido para hacer su propio camino en la relación con la gente sin los medios. Prueba de ello, las continuas tiranteces con el decano de la prensa, el Diario de Cádiz, una relación mediática tormentosa.Beardo, comiendo pipas con Vizcaíno y Contreras, en plena tormenta en Diputación, el pasado verano. Pero si fuera solo con eso, este perfil quedaría incompleto. Hasta aquí, lo que vendría a ser un político al uso. Y Germán Beardo ha declarado no ser -y no querer ser- eso. De él dicen -seguro que generosamente- que iba para futbolista pero que se rompió la rodilla. Estudió Historia y Derecho. Lideró Nuevas Generaciones. Por épocas no ha soltado el red bull. Ahora boxea, sube vídeos haciendo dominadas, y acude habitualmente en polito a numerosos eventos. Estéticamente, a menudo ha sido más cercano a Kichi que, por ejemplo, a líderes del PP de Cádiz como Antonio Sanz. Curiosamente, Beardo se sostuvo tras una de las pseudohuelgas con más arte de la historia de la provincia, la que le hicieron los policías locales yendo a trabajar en vaqueros y calzonas para denunciar que no había dinero ni para uniformes. Vestir es una forma de ser, estar, parecer. Germán Beardo no es, está o parece del PP en más de un sarao. Por ejemplo, el sarao de la Diputación. En la provincia más de uno puso los ojos en blanco, suspiró, y se dijo: "A negociar". PP contra PP, hace un año se hizo público y notorio que existe una especie de partido localista portuense-beardista en coalición con el resto del PP y con 100x100 para el gobierno provincial. Beardo tensó por el edificio del Madrugador con el socio linense. La presidenta, Almudena Martínez, logró una foto que destensaba después de que Javier Vidal viniera a decirle duramente en un pleno que si ella no era de verdad la que mandaba. Firmaron la paz por la mañana, recondujeron públicamente la Diputación, el PSOE volvió a enfriar sus deseos de recuperar el ente provincial... y de repente el PP de El Puerto se desmarca y vuelve a pelearse públicamente con 100x100, vía nota de prensa. Tal fue la distancia que el presupuesto provincial no se aprobó, dijeron, hasta que él no dio luz verde. Germán Beardo conversa con Almudena Martínez, presidenta de la Diputación de Cádiz, en una edición de Fitur.-JUAN CARLOS TORO¿Qué ha habido detrás de eso, y después de aquello? Que vía Madrugador el Cádiz CF se ha acercado más que nunca en su historia a salir de Cádiz, digan lo que digan y lo pinten como lo pinten. El Puerto le presentó, modificó y re-presentócomo Sportech, que empezó de proyectito para Puerto Real a superestadio con vista a la marisma. Ha sido el gran sueño de Germán Beardo, llevarse el Cádiz a El Puerto. Y eso lleva a responder quién es Beardo: un alcalde al que otros altos dirigentes del PP no han acabado saliendo contundemente a decirle que nada de eso. El Cádiz, sea como sea, salió beneficiado: contratos de patrocinio por cuatro millones, firmados por el Patronato de Turismo, del área de Diputación que tiene Beardo.Este viernes este proyecto puede haberse visto dañado. Y es que Manuel Vizcaíno deja de ser presidente del Cádiz. Para la historia quedará aquello de comer pipas con la cúpula del Cádiz poco después del rifirrafe por el Madrugador. Beardo ha defendido su amistad con Vizcaíno a su estilo: "Se va, para mi, uno de los dos mejores presidentes que ha tenido el Cádiz. 12 años recogiéndolo en 2B, llevándolo al fútbol profesional con 4 seguidas en primera. Creando una estructura sólida con muchos más aciertos profesionales que errores humanos. Se va un amigo. Gracias siempre". Es un interrogante si el nuevo presidente continuaría con los proyectos con el mismo impulso. Quizás sí, aunque la sólida amistad que ambos se han prestado estos años no podría encontrar igual. Después de todo, Germán Beardo es quien es a pesar y gracias a todo. En 2024 se fue a Argentina con su amigo el parlamentario Antonio Saldaña, un asesor y el delegado Jesús Garay a conocer el movimiento político del ultraliberal Javier Milei, del que prácticamente dijo que admiraba sus postulados económicos. A su vuelta, tuvo que desmentir que fuera el viaje pagado por las arcas públicas. Poco después se fue a Suiza, al Foro de Davos, al que acudió como oyente.Con Joaquín y Vizcaíno, en los toros.- En estos días, eso sí, no es una polémica local. La Guardia Civil pidió a Diputación los contratos de su área de Turismo con un empresario portuense, Pascual Llopis. No fue un registro, insistió Beardo. No está imputado, no reza como investigado, y entiende que se le está persiguiendo. El alcalde dice que se ha visto envuelto en la polémica. Pero porque a pie de calle desde hace tiempo se le acusa de tratos excesivos con empresarios del ocio. En el pleno de este viernes, venía a reconocer que es que le tienen "ganas". Aunque ver una foto de uno en periódicos de máxima audiencia a nivel nacional relacionados con este caso no es sencillo para nadie. IU le preguntaba en el pleno si está viviendo en la casa de un empresario y Beardo, seco, tajante, le dijo que no le iba a contestar. Por dos veces.Eso lleva al otro extremo que reúne a Pascual Llopis con Beardo, los chiringuitos de Puerto Sherry. La Autoridad Portuaria (de Teófila Martínez, del PP, de la Junta) los quiere fuera de su demarcación y no renueva la licencia. Beardo se opone a ello y lamenta las pérdidas económicas para El Puerto. A cambio, hay vecinos del entorno que dicen no poder más con la que se forma, y dudan de las actuaciones municipales. Este domingo, teóricamente, salvo sorpresa, los cuatro chiringuitos deberán cerrar. Innegable es que en El Puerto alguno piensa que eso no va a ocurrir con Beardo como alcalde. El gobierno municipal dice que acatará la legalidad, y que si las licencias decaen, será el final para Margarita (de Llopis) o PhiPhi (del grupo Ban Ban). el puertoPuerto Sherry, ante el cierre de sus chiringuitos: entre el temor al golpe económico y el alivio de vecinos Míriam BocanegraBeardo dice de Llopis que es un empresario como muchos otros, que ha tratado, pero que toda actuación está regida por la legalidad, tanto en Ayuntamiento como en los contratos de patrocinio desde la Diputación. Pero falta un año para las municipales (menos, en realidad), y a la vuelta del verano comenzará la precampaña. Hay un número de noticias negativas que un ser humano puede soportar. Beardo parece, como otros pocos dirigentes en la historia de la provincia, que ese sensor, que ese límite, lo tiene roto. Y quizás, cuando peor dadas vengan, acabará comiendo pipas como hizo con Vizcaíno cuando a cuenta del Cádiz puso durante un verano patas arriba la Diputación de Cádiz. O quizás es lo que ha estado queriendo transmitir.