Han transcurrido cerca de cuatro años desde la aparición de ChatGPT y, desde entonces, aquello que gira en torno a la inteligencia artificial llama la atención tanto de la industria como de los usuarios. El crecimiento de los modelos generativos en cuanto a aptitudes ha sido notable, como lo sigue siendo el margen que los laboratorios señalan para sus herramientas. Sin embargo, hay quienes quieren aprovechar desde el primer momento todo ese potencial, incluso cuando su ámbito no requiere de tecnología tan específica.Por ello se ha multiplicado el uso de herramientas llamadas a automatizar procesos así como las de codificación. Con el vibe coding, o la codificación a base de instrucciones mediante palabras de uso natural en pleno auge, las compañías urgen a sus empleados a servirse de él. Lo que sucede es que se trata de una tecnología tan sencilla de utilizar y que presenta tantas oportunidades que los presupuestos para tarifas de IA, como le sucedió a Uber, acaban agotados mucho antes de lo previsto. Un problema que muestra una paradoja en materia de productividad.Y es que hoy por hoy el presupuesto destinado a herramientas de inteligencia artificial y a operar con este tipo de servicios no genera un retorno que justifique el gasto en que se ven inmersas las empresas. Tampoco ayuda la promoción interna a ese uso de recursos para entornos en los que su aplicación es limitada o para la que falta formación. Por último, las clasificaciones de uso que algunas compañías como Amazon han promovido han tenido efectos contraproducentes, con empleados engañando al sistema mediante el empleo injustificado de tokens por el mero hecho de subir en el ranking.Uso de tokens a discreción y su repercusión en los balances de cuentas empresarialesLa teoría del tokenmaxxing invita a los trabajadores a emplear tantos tokens como sea posible con el fin de automatizar el máximo de tareas y mejorar la productividad, dejando recaer la ejecución sobre agentes de IA como Claude Code de Anthropic, Codex de OpenAI u OpenClaw. Sin embargo, hacerlo sin supervisión y sin un plan prestablecido tiene consecuencias como las que refleja Futurism y que se traducen en pérdidas económicas considerables para cualquier empresa y que ya ha recibido su bautismo: tokenwasting.Un ejemplo de ello se ha producido en la empresa de tecnología financiera Slash, que debe hacer frente a una factura por consumo de tokens que supera los 80.000 dólares por una única tarea. El punto negativo no es el gasto en sí, sino el hecho de que deriva de un producto que de ningún modo podrá generar un beneficio igual o superior a la compañía, pues se trata de un videojuego en el que el usuario tan solo avanza y dispara a personajes basados en memes de internet.La fintech Slash se suma a la lista de empresas con sobrecostes a causa de la IA We encouraged the company last week to start vibe coding more but @nickbruhman burned $80k in credits on the Slash card for a brainrot shooter Pls play it so we can write this off as a marketing expense https://t.co/mgHfidJ2R9— Slash (@slashapp) June 23, 2026 El juego, bautizado como "Brainrot Shooter", nada tiene que ver con la tecnología financiera en la que centra sus operaciones Slash, pero sí supone un claro ejemplo de lo que no debe hacerse por mucha invitación a usar herramientas de codificación que hagan las empresas. Ahora, Slash quiere aprovechar la publicidad que el fallo de su empleado está generando para sacar algo de partido y recuperar parte de esos 80.000 dólares de facturación en IA: "Por favor, jugadlo para que podamos deducirlo como gasto de marketing", publicaron a través de su perfil en X.Un caso que pone de relieve que utilizar herramientas de codificación y gastar tokens no está unido de manera intrínseca al beneficio económico. En la misma línea llegan ejemplos de consultorías como Accenture, en la que según informa el medio 404 Media algunos empleados utilizan herramientas de IA para llevar a cabo tareas sencillas y para la que existen programas específicos como convertir .PDF a presentaciones de PowerPoint.El gasto en tokens como motivo y no como objetivo, meta a alcanzar por las empresasA la vista de estos casos, y de los que surgirán en los próximos tiempos, la culpa no puede ni debe recaer solo en los empleados. El hecho de contar con una nueva vía tecnológica a través de la que incrementar la productividad, automatiza procesos y reducir plazos es una tentación para cualquier compañía, sea cual sea el mercado en que se mueva. Dar la orden de aprovechar esas nuevas herramientas resulta sencillo, pero requiere de un plan de acción, de una capacitación a los empleados y exige delimitar de manera quirúrgica las áreas en que se debe usar y aquellas en las que conviene medir más su empleo.Así pues, en este momento la inteligencia artificial y el uso de sus herramientas como imposición deriva en una interpretación en el escenario laboral que tiene más de cartón piedra que de coreografía a la que se le hayan dedicado horas de preparación y esfuerzo. Son diversos y numerosos los ejemplos que se suman a una lista en la que la obligación de desempeño deriva en el mal gasto de tokens que, de otro modo, tendrían más oportunidades de rendir con la productividad que algunos buscan por el mero hecho de que la prometan los laboratorios tras el producto a vender.