Redacción ClarínDesde un punto de vista práctico, el éxito es un medio para obtener reconocimiento, seguridad, bienestar o satisfacción personal. Figurativamente, las metas constituyen los “escalones” de esa escalera. Pero ¿hacia dónde conduce?Parafraseando a Stephen Covey, podría decirse que “el éxito es llegar a la cima de la escalera; la sabiduría consiste en descubrir que estaba apoyada en la pared correcta”.Sin sabiduría, alguien puede acumular dinero, prestigio o poder y seguir sintiéndose vacío. Para evitarlo, es necesario que esa búsqueda no se convierta en una carrera sin destino.Esas obstinadas carreras hacia el triunfo encierran, en el fondo, el deseo de vivir más y mejor. Existe también una forma peculiar de éxito, todavía anónima y poco reconocida: vivir bien, con buena salud, longevidad y una filosofía práctica de vida. Tal vez allí resida el mayor de los logros: un éxito privado e invisible, precisamente porque no depende de la aprobación ajena.La atención suele concentrarse en las actividades más visibles -los deportes, el arte, la política o el mundo empresario-, mientras que una vida saludable y prolongada rara vez se considera un mérito en sí mismo.Quizás no sería mala idea instituir alguna forma de reconocimiento para quienes, mediante sus hábitos y su manera de vivir, alcanzan resultados objetivables como bienestar mental, buena salud y longevidad. Después de todo, gran parte de nuestros esfuerzos parecen orientarse, en última instancia, hacia esos objetivos.En conclusión, tanto para el éxito como para la salud, el propósito es crucial; de ahí que el mayor logro quizá no sea llegar más alto, sino vivir mejor.Ps. Jorge Ballario psicologo.ballario@gmail.comOTRAS CARTAS“Animarse a descubrir nuestra segunda vida”Se suele decir que las personas vivimos dos vidas y que la segunda comienza cuando comprendemos que solo tenemos una.Quizás sea cierto, aunque con los años empecé a pensar que, en realidad, vivimos muchas más. A lo largo de una misma existencia cambian los sueños, los desafíos, las prioridades y la manera de mirar el mundo. Sin embargo, no dejamos de ser quienes somos.Cada etapa va dejando experiencias, errores, aprendizajes y herramientas que sostienen la siguiente. El verdadero desafío no suele ser empezar de nuevo, sino reconocer cuándo una etapa ya cumplió su misión y tener el coraje de cerrarla.Aferrarse a una vida que ya terminó suele ser más doloroso que animarse a descubrir la que está esperando.Tal vez la segunda vida de las personas no consista en convertirse en alguien diferente, sino en comprender que es posible seguir transformándose sin dejar nunca de ser uno mismo. Porque ninguna vida desaparece: todas permanecen dentro de nosotros, sosteniendo silenciosamente las que vienen después.Fernando Serenelli Fernando@serenelli.ar“A San Miguel de Tucumán, precursora de libertad”San Miguel de Tucumán... ¡Oh ciudad predestinada! La del nombre perfumado de azahares, rumorosa de vertientes y de acequias. Legendaria.Sobre el fondo vegetal del Aconquija, en la teja colonial de tus aleros y en tus goznes, tus barrotes, tus ventanas, a despecho de los años, tu arquitectura se conserva casi intacta.Guardas, incólume, un maravilloso pasado de epopeyas. Mantienes ecos de los ecos que dejaran célebres palabras. Preservas nombres sacrosantos, sueños y esperanzas.Eres cofre prodigioso y símbolo de un pueblo. ¡Soberana! Cuidas, celosa, una estirpe que se abre hacia los cuatro rumbos de la Patria. Y eres altar donde un 9 de Julio de 1816, hace 210 años, toda la fe ciudadana, hecha voz omnipotente, la libertad proclamara.San Miguel de Tucumán... ¡Oh ciudad celeste y blanca!Alejandro De Muro demuroalejandro4@gmail.comRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOTags relacionadosTucumán9 de julio