Omán se enfrentaba a Kuwait con la obligación de ganar con el margen suficiente de goles para, al menos, empatar con Irak en la clasificación. Se jugaba el pase a las semifinales de la Copa de Asia. La noche empezó mal, pues los kuwaitíes se adelantaron en el marcador. Pero Omán no se desesperó, empató, remontó y solo le faltaba un tanto para lograr el objetivo inicial. El tiempo pasaba y el 2-1 favorable resultaba insuficiente. Hasta que a falta de cinco minutos para el final del encuentro, Musab Al-Shaqsi marcó el 3-1, justo lo necesario para igualar a puntos y a diferencia de goles con Irak. Pero bastaba porque en ese momento, según el reglamento, la clasificación se definía en función del juego limpio de las dos selecciones involucradas e igualadas a todo. En el momento en el que Al-Shaqsi anotó el 3-1, Omán acumulaba a lo largo del torneo 7 tarjetas amarillas, una menos que las 8 de Irak. Estaban pues en semifinales. Sin embargo, al postrero y feliz goleador no se le ocurrió mejor idea que celebrar el tanto quitándose la camiseta y quedando desnudo de cintura para arriba. Es bien sabido desde hace años que esa acción conlleva una amonestación, así que Omán acumuló la octava tarjeta amarilla y se esfumó su ventaja de fair play respecto a Irak. El necio jugador omaní tuvo suerte, nunca mejor dicho. Ante la imposibilidad de dirimir por cuestiones reglamentarias cuál de los dos países contendientes adquiría el billete para la semifinal, todo quedó en manos de la fortuna. Así, un directivo de la Federación de Fútbol del Golfo, bajo la atenta mirada de los representantes federativos de Omán e Irak, fue el encargado de presidir el pertinente sorteo en un hotel de Yeda y de extraer de una bolsa el nombre de la selección agraciada. Y, por esos inescrutables designios del destino, la agraciada fue, pese a la bobada cometida por su jugador, Omán. Los omaníes jugarán una de las semifinales de la Copa de Asia. Es más que probable que si marcan uno o varios goles lo celebren con absoluto decoro, sin atreverse siquiera a tocarse la camiseta. Por si acaso.