Durante una entrevista publicada en el canal AprendemosJuntos de YouTube, el paleantropólogo Juan Luis Arsuaga dijo algo muy interesante sobre la evolución humana, la ciencia y la naturaleza de nuestra especie. Para él, la ciencia comparte con los mitos la capacidad de narrar realidades increíbles, con la diferencia de que las teorías científicas pueden demostrarse y ponerse a prueba, guiándonos a través del asombro desde el momento en que comprendimos que no somos el centro del universo hasta que descubrimos nuestra propia finitud.Uno de los momentos más interesantes de la conversación llega cuando Arsuaga pronuncia la siguiente frase: "El fuego es anatomía". Con esta afirmación, el paleontólogo explica que ciertas "tecnologías" trascienden la categoría de simples herramientas para integrarse funcionalmente en nuestra propia biología. Más allá de ofrecer calor, luz o protección contra depredadores, el dominio del fuego transformó radicalmente la asimilación de los nutrientes. Al cocinar alimentos, el fuego actúa como un proceso digestivo externo que redujo el esfuerzo metabólico del organismo, moldeando la forma y el tamaño de nuestro tubo digestivo y convirtiéndonos en la única especie del planeta que no es crudívora. En este sentido, el fuego es tan inseparable de nuestro cuerpo como la ropa en climas fríos.Lazos más allá de la biología y el nacimiento de la identidad colectiva A lo largo de la entrevista, Arsuaga profundiza en otros aspectos esenciales de la evolución social de los homínidos. Plantea que la organización humana se distingue de otros primates por articularse en varios niveles: la familia nuclear, el grupo y la tribu. Esta última representa un salto exclusivamente humano, ya que no se sustenta en lazos biológicos o de consanguinidad, sino en una identidad simbólica, cultural e ideológica. Esta condición, que en nuestros orígenes fomentó una cooperación sin parangón en el reino animal, se ha convertido en uno de nuestros mayores retos. Ante desafíos que ya son de escala planetaria, el tribalismo y los conflictos derivados de él representan una de las mayores amenazas para nuestro futuro colectivo.La entrevista también deja espacio para contemplar nuestro lugar en el cosmos y la singularidad de la vida. El paleantropólogo señala que, si bien el surgimiento de la vida elemental y bacteriana parece un fenómeno altamente probable dadas las condiciones químicas del universo, la aparición de seres pluricelulares complejos y, en particular, de una especie como la nuestra, responde a una cadena de transiciones evolutivas sumamente improbables y contingentes. Al calcular las probabilidades acumuladas a través de miles de millones de años, apunta a que la existencia de otras civilizaciones podría ser extremadamente escasa, aunque la inmensidad del universo permita albergar vida inteligente en galaxias lejanas. Satya Nadella, CEO de Microsoft, lo tiene claro: «No veo la empatía como una habilidad blanda; es la capacidad más compleja de aprender»Finalmente, Arsuaga rinde homenaje a grandes figuras científicas femeninas que han transformado nuestra visión de la biología, tales como Jane Goodall con sus estudios de chimpancés, Lynn Margulis y su revolucionaria teoría de la endosimbiosis, o Mary-Claire King y el descubrimiento de bases genéticas en el cáncer de mama y la identificación de personas desaparecidas. El paleontólogo concluye la entrevista desmitificando la figura del genio inalcanzable para reivindicar a estos referentes como seres humanos cercanos y cotidianos, destacando que el mayor poder de nuestra especie reside en la empatía, el conocimiento compartido y nuestra extraordinaria capacidad natural para cooperar.