Cegadoo por su obsesión de llegar a los mil goles, Cristiano Ronaldo está arrastrando su imagen por el lodo en el peor momento, cuando ya se acerca el final de su carrera y no tiene ninguna necesidad de demostrar nada. Porque, con 41 años, su gran objetivo debería ser irse por la puerta grande pero, a este paso, saldrá por la gatera. El portugués encajó fatal que su nuevo seleccionador, Jorge Jesus, no lo sacase ni un minuto en el partido de la Nations League contra Noruega. Le hizo calentar pero finalmente no le utilizó. Y claro, CR7 no lo pudo soportar. Poseído por un ataque de egocentrismo, entró en combustión y decidió abandonar la concentración de Portugal generando un incendio que ni el de Nerón en Roma. Y quizá tenía motivos, es posible que Jorge Jesus le prometiese jugar y que luego lo incumpliese. Pero lo que se espera de una leyenda es, ante todo, grandeza. Si hubiese asumido esa decisión técnica poniendo al equipo por delante, alentando al colectivo como el que más y disculpando a su entrenador, su figura legendaria hubiese crecido porque, seguramente, todo eso se hubiese filtrado de forma natural o interesada. Pero como dijo Flick, los egos matan el éxito. Incluso pueden aniquilar reputaciones. Que CR7 es un individualista lo sabía todo el mundo. Que reventase una concentración de su selección siendo el capitán no era tan previsible.Leer más]]>