Andrés González se convirtió hace un tiempo en uno de los analistas económicos más reconocidos de las redes sociales. Sus consejos sobre diferentes mercados, sobre todo sobre operaciones inmobiliarias e inversión, se han convertido en referencia para muchas personas. Especialmente para los cientos de miles de seguidores que acumula en redes sociales como Instagram o YouTube. Pero también para las personas que abarrotan salas de conferencias inmensas para escuchar sus enseñanzas y sus experiencias. Y es que buena parte del método de 'La pizarra de Andrés', nombre que dio a su proyecto y/o comunidad, se basa precisamente en las experiencias que le han llevado hasta su éxito. De hecho, uno de sus vídeos más compartidos es en el que cuenta lo que podría decirse que es la base de su plan. Andrés tenía muy claro que quería ser diferente al resto. O, al menos, hacer algo que se saliera de la tendencia general. No quería ser solo solvente económicamente, sino que quería que su independencia económica fuera la base de su vida. Y por eso puso en marcha una estrategia que le ha acarreado, y le sigue acarreando, muchas críticas. Al contrario que muchos jóvenes en España, Andrés tenía una situación relativamente cómoda para lo que suele ser el mercado laboral en España. Sin embargo, como el 85% de las personas de su edad, seguía sin emanciparse. «Yo tenía 32 años, un buen sueldo y vivía en casa de mis padres». Obviamente, existía una notable diferencia entre la situación de este analista económico y la de muchos jóvenes que actualmente o no tienen trabajo o la precariedad salarial hace que su sueldo no supere los 1.500 euros, cantidades insuficientes sobre todo en ciudades como Madrid o Barcelona. Sin embargo, aunque él podía irse de su casa, prefirió seguir aguantando y dependiendo de sus padres. «Esto cuando lo cuento en redes hay gente que se molesta y me dicen qué hacías». Sin embargo, bajo su punto de vista, muchas de esas críticas nacen de la envidia de gente a la que le hubiera gustado hacer lo mismo. «Si te molesta es que a lo mejor te estás dando cuenta de que tú pudiste haberlo hecho mejor, porque ya te digo yo que a mis padres no les molestó». Fue su manera de labrarse un futuro lo más sólido posible. Tan viable que pudo cambiar de vida por completo, dejando de lado la rutina de una oficina en la que muchos se ven atrapados a la libertad de su proyecto. «Mis padres me ven hoy y piensan que qué suerte tienen de mí y de mis hermanos que también les va muy bien. Tus padres, si te ven trabajando todos los días no te van a echar de casa. Aunque tengas 32 años». Aunque reciba críticas cada vez que cuenta su experiencia personal, tal y como sucedió con esta confesión en el podcast del creador de contenido René ZZ, no duda de que acertó plenamente en la forma de seguir su plan. Y confiesa que, antes irse definitivamente de su casa, la gente se reía de él cuando les contaba lo que quería hacer con su vida y que, incluso, estaba dispuesto a aguantar en casa de sus padres hasta los 40 años para conseguirlo. Aunque tuviera que «retrasar otras cosas de la vida». De hecho, finalmente pudo irse mucho antes de los 40, siendo propietario de dos casas y con su proyecto a pleno rendimiento.