Qué significa el proverbio chino de Confucio: «Elige dos personas al azar y tendrán algo que enseñarme. Puedo tomar sus cualidades como modelo y sus defectos como advertencia»

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Se puede aprender de cualquier persona, aunque esta sea una extraña, ya que, si es buena, se la tomará como ejemplo a seguir y, si es mala, será una advertencia de lo que no se debe replicar. Así lo enseñó el filósofo Confucio hace 2.500 años. Su lección sobre la humildad y la sabiduría da origen a uno de los probervios chinos que más se repite en nuestros días. Hoy reflexionamos sobre esta enseñanza del maestro de la China antigua antiguo. Recordemos que Confucio vivió entre 551 a. C. y 479 a. C. En su vida alternó periodos en los que ejerció como maestro con otros en los cuales fue funcionario y carpintero. Como referente moral, destacó por su defensa de las virtudes de la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los mayores y antepasados. Su famosa cita sobre la humildad y la sabiduría es la siguiente: «Ponedme en compañía de dos personas al azar, e invariablemente tendrán algo que enseñarme. Puedo tomar sus cualidades como modelo y sus defectos como advertencia». Se encuentra en el capítulo 7 de la obra ' Analectas ', una recopilación que hicieron sus dispículos de las sentencias, anécdotas y diálogos breves — algunos presumiblemente apócrifos — que más les marcaron de la convivencia con su maestro. A menudo se adapta a un lenguaje más sencillo y se replica como: «Si voy con dos hombres, cada uno de ellos será mi maestro y aprenderé de sus virtudes y defectos». Esta versión guarda el mismo significado, pero pierde la riqueza de la redacción original. El significado del proverbio es tan antiguo como nuevo. Los alumnos del filósofo y quienes le leemos en el siglo XXI compartimos algunas bases comunes acerca de la experiencia del aprendizaje, la humildad y la convivencia social. El proverbio significa, primeramente, que toda persona puede enseñarnos algo, aunque sea completamente distinta a nosotros. Nadie carece de «cualidades», atributos valiosos, y observar a los demás con atención nos ayuda a aprender y mejorar. La frase alude a virtudes tradicionales como la humildad, la prudencia, el respeto y la capacidad de reconocer lo bueno en los demás. En lugar de creernos superiores y sabios por naturaleza, debemos estar dispuestos a aprender de las cualidades de quienes nos rodean porque tenemos mucho recorrido por delante en el camino del conocimiento. También habla de los defectos como «advertencia». Cuando vemos en otra persona una conducta negativa, podemos reflexionar sobre ella y evitar cometer el mismo error. Así, incluso aquello que desaprobamos puede convertirse en una lección. En la vida cotidiana, esto puede aplicarse en cada encuentro con otra persona: podemos aprender de la paciencia de un compañero, de la responsabilidad de un familiar o incluso de los errores de un amigo. El proverbio nos invita a observar, reflexionar y convertir cada encuentro en una oportunidad para ser mejores. Confucio habló en otras ocasiones en este sentido a sus alumnos, que también las reflejan en la obra. Insiste en que nadie nace con el conocimiento del mundo en su cabeza, sino que lo adquiere con el paso del tiempo y el esfuerzo constante por mejorar. «Personalmente no estoy dotado con conocimiento innato. Soy simplemente un hombre que adora el pasado y es diligente en investigarlo», se escribe. El pasado es una fuente inagotable de sabiduría en comparación con el presente, que es limitado, y el futuro, que es inalcanzable. Otra de sus frases hace un apunte en el proverbio. Si bien todas las personas son referencias, para lo bueno o para lo malo, no hay ninguna perfecta. «No puedo esperar encontrar a un sabio virtuoso. Me contentaría si pudiera encontrar simplemente un caballero». El hombre ideal no existe y solo hay unos pocos que buscan hacer el bien de forma sincera dentro de sus limitaciones. Añade, además, que el conocimiento es una herramienta esencial para la vdia cotidiana: «Tal vez haya personas que puedan actuar sin conocimiento, pero yo no soy una de ellas». El chino necesita conocer para actuar en consecuencia de ese conocimiento, y no a ciegas. Y continúa, «el mejor sustituto para el conocimiento innato es escuchar mucho, escoger lo mejor y seguirlo; ver mucho y conservar la imagen». No nacemos sabios por naturaleza, pero podemos aspirar a un acopio de conocimiento decente si utilizamos el pasado, la escucha y la mirada como maestras.