Encontrar un equilibrio entre las largas jornadas de la hostelería y la rentabilidad del negocio no siempre resulta sencillo. Abraham Galera, propietario del Bar Danus de Tordera (Barcelona), decidió hace alrededor de un año probar una fórmula poco habitual en el sector: cerrar su restaurante dos días completos cada semana. Así lo ha explicado el hostelero catalán en un vídeo reciente en su cuenta de TikTok, donde reconoce que la decisión no fue sencilla desde el punto de vista empresarial. «Cierro mi restaurante dos días a la semana en vez de uno. Al principio da miedo al ser ocho días al mes, pero mis empleados están muy contentos», asegura. Hasta entonces, el establecimiento cerraba únicamente una jornada semanal y el resto de descansos de la plantilla tenían que cubrirse mediante turnos. El problema, según explica Galera, es que buena parte de ese esfuerzo terminaba recayendo sobre la propia familia: «Mi madre, mis familiares y yo éramos los que más pringábamos porque cubríamos al resto de empleados, trabajábamos el doble y solo teníamos un día libre». La solución fue concentrar los descansos. Ahora el restaurante cierra los martes y miércoles y la plantilla acumula varias horas seguidas sin tener que acudir al establecimiento. «Desde el lunes a las seis de la tarde que cerramos hasta el jueves no tienen que trabajar. Creo que tanto camareros como cocineros están supercontentos», explica. La contrapartida es evidente. Dos cierres semanales significan alrededor de ocho días al mes sin caja, algo especialmente delicado en un negocio con gastos fijos y nóminas que pagar. Galera admite que asumirlo genera vértigo, pero sostiene que abrir más horas no significa necesariamente ganar más dinero. «Para mí, tener abierto ese domingo por la noche o ese lunes por la noche no me suponía ningún beneficio. Por mucho que facturase 1.000 o 1.500 euros ese día, no me suponía beneficio», señala. Por eso ha optado también por concentrar las cenas entre el jueves y el sábado. «Se me fue yendo gente y no he metido a nadie para suplirlos. Hemos hecho el trabajo sin ellos», explica. Galera defiende que la clave está en adaptar tanto la estructura del negocio como al propio cliente a unos horarios estables. Y asegura que, al menos en su caso, la reducción de días de apertura no ha provocado la temida fuga de consumidores. «Si lo haces bien, la clientela se acostumbra a tu horario. Si eres fijo no te van a fallar los clientes», concluye.