La selección es un espectáculo. Después de adjuntar la Eurocopa a su historial y de alcanzar la eternidad en el Mundial, la ambición y las ganas no desaparecen. Todo fluye, vibra y se contagia: el fútbol, la emoción, los goles, la sensación de pertenencia... España regala otra noche maravillosa en Sevilla, para deleite del personal que aplaude a rabiar. Otro triunfo brillante en fase de Liga de Naciones impulsado por dos faros, Lamine Yamal y Álex Baena. España es una delicia para los ojos. La plasmación de una idea, de un fútbol que sintoniza con el gusto de la calle, con el ritmo de las academias, el estilo con el que se educa hace años en la Federación. Y que probablemente empezó el día que Luis Aragonés se decantó por los bajitos que, sin envergadura física ni kilos para chocar, manejaban el balón con la soltura de los ángeles. Luis de la Fuente ha refrescado el equipo con la presencia de Zubimendi, Huijsen, Fermín, Oyarzabal y Baena, los tres últimos de nuevo titulares como es la noción del seleccionador en función de los méritos. No juega un Balón de Oro, Rodri, un creador de contenidos nivel premium, Pedri, ni un delantero embalado, Ferrán, una centella que epató en la Eurocopa dos años atrás, Nico Williams. o uno de los mejores centrales del Mundial, Laporte. La sensación de fútbol, lucidez y creatividad es la misma con los actores que sacuden el Sánchez Pizjuán al minuto de juego con una ráfaga de fantasía. El balón va flotando, suave, sin asperezas, de un Cucurella o Baena y de éste a Lamine, hasta que el zasca del azulgrana rompe la red por el lado que era de esperar. La selección pone de buen humor, endulza el carácter, limpia de suciedad el fútbol de cada día que consiste en entrenadores que crucifican a los árbitros, rechinan los dientes y juegan a defender el 1-0. España se ha ganado el afecto de los aficionados al fútbol de un país porque gana, pero no solo por eso. Contagia, emociona, simplifica los pronósticos. Vamos a vivir una sesión divertida y seguramente triunfal con este equipo que está haciendo historia. A punto de repetir Álex Baena el golazo de Lamine en otra combinación que engancha por el ala contraria y en la que intervienen jugadores que parecen más esforzados que técnicos en calidad de servicios. Pero no. En la selección el juego fluye, sale el talento de cada cual y lo mejora todo. Cubarsí prueba un tiro lejano en otra versión de los registros atacantes. Y Baena, que parece un crack mundial con la selección, inventa pases, fabrica juego y se divierte reclamando la pelota. La confianza lo es todo en la vida. Ha marcado Croacia porque Perisic es un veterano de calidad superior que pone un gran centro para que Beljo crucifique a Unai con un cabezazo estupendo. Pero España es la campeona del mundo, luce galones y una hegemonía que trasciende al partido. Lamine pone el mismo centro delicioso que Perisic y por allí asoma un futuro titular de este equipo, Marc Pubill, para conectar el segundo gol de cabeza. El personal se lo pasa en grande, su equipo siempre quiere un poco más, un esfuerzo más, un toque más, un gol más. Eso tiene que ver con la entrada de piernas frescas y mentes claras. Pedri y Mikel Merino han salido a escena. La finura del azulgrana, su imaginación para crear, y la fe e inteligencia del navarro. España no decae, mantiene el paso, no cede la posesión del balón, los croatas persiguen hasta la extenuación. Pedri profundiza con un pase inteligente, Pubill participa del espíritu colectivo y la deja pasar, Lamine la engancha y en su condición estrella destroza la portería croata con un misil al primer palo. Ha empezado a calentar Luka Modric y el público del Pizjuán está de buen humor. Ese clima propicia la selección. El estadio se pone en pie, agarra los móviles y suelta las palmas. Todos quieren ovacionar y retratar al exmadridista, un jugador de una pieza que no cayó en la soberbia. De la Fuente cambia las alas, se marchan Lamine y Baena, los mejores del partido, y entran Víctor Muñoz y Nico Williams. Hay hambre en Nico por recuperar su huella de la Euro, pero Baena se lo pone muy difícil. Competencia sana, no hiriente o que genera una mano de guantazos en el vestuario. Croacia maneja la bola y no se rinde. Es un grupo orgulloso al que tal vez le superó la vida y la edad de sus jugadores. Modric estira a su equipo, hace partícipe al público de su elegancia, pero no tienen mucho que hacer. España mantiene el ancla y, con el cuarto gol obra de Nico Williams, suma una victoria más en su esplendorosa secuencia de éxitos.