Un estudio de la Universidad de Zúrich en tres especies de primates encuentra estructuras gramaticales que se creían exclusivas del lenguaje humano

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Una de las grandes preguntas sobre la evolución humana ha sido qué nos permitió desarrollar un lenguaje tan sofisticado. No se trata únicamente de producir sonidos y asociarlos con determinados significados: el lenguaje humano permite combinar elementos de diferentes maneras, introducir unas estructuras dentro de otras y construir todo tipo de mensajes. Esta organización jerárquica ha sido considerada durante mucho tiempo una de las características que más nos separan de otros animales. Un nuevo estudio publicado en bioRxiv apunta a que algunos de nuestros parientes primates podrían compartir al menos una parte de esta capacidad.La investigación ha examinado las vocalizaciones de tres especies muy diferentes: el tití común, el bonobo y el colobo verde. Mediante herramientas matemáticas diseñadas para estudiar cómo se organizan las secuencias de sonidos, los científicos encontraron patrones que parecen encajar mejor con estructuras jerárquicas complejas que con una simple sucesión lineal de llamadas. Cabe mencionar que este tipo de organización se había relacionado tradicionalmente con una capacidad que solo tenemos los humanos.Analizar la estructura sin conocer el significado Para llegar a esta conclusión, los investigadores no intentaron traducir directamente las llamadas de los animales. Ese enfoque sería imposible con los conocimientos actuales, ya que todavía no conocemos con precisión el significado de cada vocalización ni todas las reglas que determinan cuándo y por qué se combinan. En lugar de buscar una traducción, analizaron la arquitectura de las secuencias.La estrategia consistió en comparar dos modelos matemáticos. Uno trataba las llamadas como una cadena en la que cada elemento depende fundamentalmente de los que aparecen antes. El otro permitía detectar relaciones más complejas, teniendo en cuenta la posibilidad de que determinados fragmentos estuvieran agrupados dentro de estructuras mayores. Esta segunda aproximación resulta especialmente importante porque permite identificar patrones similares a los que aparecen en las denominadas gramáticas suprarregulares.Antes de utilizar los modelos con los primates, los científicos los pusieron a prueba con grabaciones de lenguaje humano. El objetivo era comprobar si las herramientas podían distinguir correctamente entre diferentes tipos de organización. Una vez realizada la comprobación, analizaron las vocalizaciones de las tres especies y observaron que, en los tres casos, aparecían características compatibles con estructuras suprarregulares. A diferencia de ti, los chimpancés están dispuestos a cambiar de opinión según este estudioEsto no significa que los titíes, bonobos y colobos posean un lenguaje humano a pequeña escala. En cuanto al estudio, identifica una determinada propiedad matemática en la organización de las llamadas, pero no demuestra que los animales utilicen esas estructuras para expresar conceptos mediante un sistema lingüístico con significado comparable al nuestro. En otras palabras, encontrar una estructura no equivale necesariamente a demostrar la existencia de un lenguaje.El estudio tiene importantes matices Un tití comúnLos propios investigadores contemplan otras explicaciones. Las agrupaciones detectadas podrían representar una organización formal de los sonidos sin que exista detrás una sintaxis a nivel de comunicación equivalente a la humana. Algo parecido ocurre con la música, que puede presentar estructuras complejas y jerárquicas sin funcionar como un idioma. También algunas formas de canto de ciertas aves pueden demostrar patrones organizativos sofisticados sin que eso implique un sistema lingüístico.Por ese motivo, los resultados deben interpretarse con prudencia. Además, los investigadores trabajaron con conjuntos de datos relativamente reducidos, por lo que será necesario comprobar si los mismos patrones aparecen cuando se analizan muchas más vocalizaciones y diferentes poblaciones de estos animales.A pesar de las limitaciones, la investigación abre una posibilidad interesante: quizá la evolución del lenguaje no pueda explicarse simplemente como la aparición repentina de una capacidad que ningún otro primate poseía. Algunas de las herramientas necesarias para organizar secuencias complejas podrían tener raíces mucho más antiguas.La cuestión, por tanto, cambia de perspectiva. Si otros primates ya son capaces de producir secuencias con cierto grado de organización jerárquica, la pregunta ya no es únicamente qué nos diferencia de ellos. También debemos averiguar qué transformación permitió a nuestros antepasados convertir capacidades comunicativas ancestrales en el lenguaje extraordinariamente flexible que utilizamos hoy. Ese posible paso evolutivo sigue siendo uno de los grandes enigmas de la ciencia del lenguaje.