La vida en las cárceles españoles es algo completamente desconocido para la mayoría de la sociedad. En España hay alrededor de 117 reclusos por cada 100.000 habitantes. Es decir, un 0,12% de la población total. Para dar a conocer detalles del funcionamiento y la gestión de las prisiones, Joaquín Leyva ha pasado por el pódcast 'La pura verdad'. Se trata de un funcionario de prisiones y portavoz de la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (ACAIP). Leyva ha explicado cómo se gestiona el presupuesto de alimentación en los centros penitenciarios de España para cubrir tres comidas diarias y atender dietas especiales. La cantidad estipulada para cubrir la alimentación diaria por cada interno es muy ajustada: «En las cárceles, se asigna unos 4 euros al día para la comida del preso. Con ese dinero, el cocinero elabora desayuno, comida y cena». Es decir, en un centro con 1.000 internos, el equipo de cocina dispone de unos 4.000 euros diarios en total para confeccionar el menú completo de toda la jornada. A pesar de la limitación presupuestaria, el funcionario destaca el trabajo de los cocineros y de los responsables de compras , quienes negocian con los proveedores para conseguir la mejor calidad al menor precio posible. Leyva asegura que se cuida el menú para que cumpla los requisitos nutricionales básicos, evitando el abuso de alimentos ultraprocesados y procurando tener platos variados. Una adversidad para los cocineros es que deben adaptarse a muchos perfiles diferentes. En una misma prisión se preparan diariamente menús para diabéticos, celíacos o personas con alergias , además de opciones vegetarianas o adaptadas a religiones (como los menús especiales durante el Ramadán). Leyva señala que solo existen tres momentos al año en los que el gasto se duplica, alcanzando los 8 euros por persona. Estas excepciones son Nochebuena y Navidad, Nochevieja y Año Nuevo, y la festividad de la Virgen de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias. El portavoz también desvela que si un preso quiere consumir alimentos o bebidas fuera de las tres comidas oficiales, como un café o un refresco, debe pagarlos con su propio dinero a través del economato del centro, con un límite de gasto de 100 euros a la semana.