Blanca García-Orea, nutricionista: «Si no tienes ganas de comer salado en el desayuno y solo quieres dulce, no tienes hambre, tienes apetito»

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Si pasamos por los pasillos del supermercado dedicados a los desayunos o buscamos esta palabra en sus páginas webs, los productos que podemos encontrar son café , zumos o leche. Pero en estos, también se incluyen alimentos como galletas, cereales, bizcochos y otros tipos de bollería industrial. Este es el reflejo de los hábitos de consumo de muchas personas que eligen estos productos, en muchos casos, para empezar el día. Otras opciones pasan por tomar huevos revueltos, tostadas con tomate y jamón, queso fresco, fruta u otros alimentos que no son ultraprocesados, algo que recomiendan los expertos en salud y nutrición. Según afirman desde Quirón Salud, «un desayuno saludable debe incluir alimentos ricos en grasas saludables, proteínas magras, verduras o frutas y cereales integrales», poniendo como ejemplos tostada con aceite de oliva, tomate y pavo, acompañada de un kiwi, tostada con aguacate y huevo cocido junto con una naranja o yogur natural con arándanos, nueces y avena. Aunque cada comida del día tienen su importancia y en todas ellas se debe cumplir la ingesta de nutrientes buenos para la salud y para darnos energía, algo clave sobre el desayuno es que se trata de cómo rompemos esas horas de ayuno que suelen darse tras pasar la noche. Para la nutricionista Blanca García-Orea «sin duda» el desayuno es la comida más importante del día, pero matiza el concepto dejando claro que se refiere a que es muy importante lo primero que tomemos tras un periodo largo sin ingerir alimentos . Según ella, si lo primero que tomamos tiene muchos azúcares o carbohidratos refinados (como galletas o tostadas solas), se provocan picos de glucosa seguidos de bajones bruscos, lo que causa fatiga, falta de concentración y antojos de comida al cabo de hora y media. Lo explicaba en el podcast 'Tiene sentido' donde seguía indicando que lo mejor es acostumbrarnos a tomar un desayuno que sea salado y rico en proteínas , lo cual ayuda a mantener la glucosa estable y energía durante varias horas. Además, la nutricionista anima a diferenciar entre hambre real y apetito cuando desayunamos: «Hay gente que dice que no tiene ganas de comer salado en el desayuno, que solo tiene ganas de dulce. Y yo le digo: 'si tienes ganas de dulce en el desayuno es que no tienes hambre, tienes apetito . Hay que distinguir entre el hambre y el apetito», comentaba. Esto lo considera esencial y resalta la importancia también de transmitirselo a los niños, recordando que una madre le contaba que su hija solo quiere comer galletas por las mañanas. «Cuando tengo hambre, como lo que sea . Es decir, si me ponen un pescado a las 10 de la mañana y estoy muerta de hambre, me lo como». En este punto, García-Orea daba respuesta a qué hacer si nos despertamos sin hambre real: «¿Qué hago en ese momento que solo me apetece dulce? Tienes que esperar, ya verás como esperas media hora, una hora y ya te empieza a entrar el apetito, es gula, eso no es hambre ». Así, García-Orea explica que, aunque llevemos años tomando un café con leche y una magdalena o unas galletas para desayunar, nunca es tarde para cambiar a un desayuno salado en el que incluir una buena cantidad de proteínas y restringir o reducir lo máximo posible el azúcar y los ultraprocesados .