Cada mañana, nuevos jóvenes aparecen con golpes caminando por las calles de Ceuta: una brecha en la cabeza, un tobillo hinchado, un brazo dislocado, el costado amoratado, una raja de lado a lado de la cara. Y siempre es la misma explicación: me pegaron los soldados. Decenas de testimonios recogidos en distintos puntos de Ceuta entre jóvenes sin relación entre sí, con el único vínculo de dormir cada día a la intemperie en la ciudad autónoma, coinciden al describir las palizas que sufren cada noche a manos del Ejército. Parejas de soldados que irrumpen por la noche entre los cañaverales, las arboledas o las rocas de la playa para aplicar una metodología violenta que comenzó con la llegada masiva de decenas de miles de migrantes hace dos meses. Este martes, Amnistía Internacional recogió en un informe una veintena de casos y los envió a los presidentes del Gobierno español, Pedro Sánchez, y de la ciudad de Ceuta, Juan Jesús Vivas. Pero los testimonios recogidos por AI no son los únicos. Seguir leyendo