El futuro de Marruecos tras las elecciones de 2026

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Mensajes claveLas elecciones en Marruecos en 2026 consolidan el cambio de ciclo iniciado en las elecciones de 2021, que cerraba la puerta a la tímida apertura iniciada tras las revueltas de 2011, a pesar de las distintas protestas sociales que han sacudido el país en los últimos años.Estas elecciones están marcadas por una elevada abstención (61,98% sobre los inscritos, aproximadamente un 22% de participación entre la población en edad de votar). Una baja participación que sobresale entre los jóvenes (18-24 años), lo que evidencia un desencanto generalizado y desafección hacia los principales actores políticos del sistema.La campaña electoral en Marruecos estuvo protagonizada por anuncios de grandes inversiones y políticas sociales para reducir el aumento del coste de vida y la falta de oportunidades para los más jóvenes, lo que pone el foco en las tensiones a las que se enfrenta el modelo de desarrollo como principal desafío del país.El resultado de las elecciones y la victoria del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) evidencian el dominio de las tres formaciones más próximas a Palacio. Independientemente de si se decide renovar la coalición de gobierno saliente, los resultados muestran una línea continuista con la política desarrollada desde 2021.AnálisisLas elecciones en Marruecos suponen la renovación de los 395 escaños de la Cámara de Representantes. El PAM es el claro vencedor de los comicios pasando de 87 a 97 escaños, aunque necesitará del apoyo de otras formaciones para formar gobierno. El gran perdedor de la jornada electoral fue la Agrupación Nacional de los Independientes (RNI, por sus siglas en francés), cuyo antiguo líder, Aziz Ajannouch, ostentaba hasta ahora la jefatura de gobierno, y que pasa de 102 diputados a 66. El partido del Istiqlal, tercer miembro de la coalición saliente, también desciende de 81 representantes a 65. A pesar de ello, los tres partidos son las opciones más votadas y mantienen la posibilidad de renovar el pacto de gobierno, ahora con el PAM a la cabeza.La única sorpresa la ha dado la formación islamista de Partido Justicia y Desarrollo (PJD), que logra ascender de los 13 hasta los 54 escaños y vuelve a ser un actor clave de la política institucional. El PJD sufrió un descalabro electoral en el año 2021, cuando perdió 112 escaños, tras haber salido victorioso en las elecciones de 2011 y 2016. El resto de los partidos políticos mantienen unos resultados similares a los de 2021, aunque destaca la inclusión de nuevos partidos minoritarios en una Cámara de Representantes más fragmentada. El sistema electoral marroquí ha favorecido históricamente un modelo de representación proporcional, que obliga a la formación de gobiernos de coalición. El cambio de fórmula electoral promovido en 2021 enfatiza esta tendencia.La abstención marca el segundo factor de peso en las elecciones, mostrando el escaso interés que los comicios consiguen suscitar entre el electorado. Ya en la precampaña, el descenso en el número de inscritos para las elecciones, desde los 17,5 a los 15,8 (un desplome de aproximadamente el 15% frente a las elecciones de 2021) permitían intuir este desencanto. La participación definitiva, con un 38,18% arroja los resultados de participación más bajos desde 2007, los segundos más bajos desde la llegada de Mohamed VI al trono. Si tenemos en cuenta que ese porcentaje se calcula sobre el número de inscritos, y no sobre el total de la población en edad de votar, el verdadero nivel de participación descendería hasta aproximadamente el 22%. El resultado evidencia la falta de confianza en la capacidad de las elecciones para dar respuesta a los numerosos desafíos a los que se enfrenta la sociedad marroquí.Los resultados plasman una línea continuista y de estabilidad política que el sistema marroquí busca preservar. La propia Constitución de 2011 reserva un gran número de competencias ejecutivas al rey. La elección del presidente del Consejo de Gobierno, así como la designación de ministros de Interior, Política Exterior y Asuntos Islámicos entre otros. De esta forma, la configuración del nuevo gobierno no parece que vaya a introducir grandes cambios. En el ámbito doméstico los esfuerzos seguirán centrados en las grandes inversiones y planes de desarrollo. En política exterior: la estrecha alianza con Estados Unidos (EEUU) y la cuestión del Sáhara Occidental como eje central. El resultado electoral tampoco altera la posición de Rabat con respecto a España.Estabilidad política frente a desafíos socialesLa precampaña electoral comenzó en un contexto aciago marcado por la crisis de Ceuta del 30 y 31 de julio y el cruce en la frontera de cerca de 80.000 personas, predominantemente jóvenes, que dejó además la trágica cifra de 141 personas muertas. Aunque la crisis de Ceuta no ha tenido una presencia destacada durante la campaña electoral marroquí, aparte de algunas declaraciones de distintos ministros, principalmente Abdellatif Ouahbi, ministro de Justicia, en agosto al calor del suceso, el acontecimiento sirvió para poner en evidencia el problema social existente en el país. Dos caras de un mismo país, en el que coexisten datos macroeconómicos positivos frente a un descontento generalizado.  El impacto del desarrollo desigual, especialmente patente en las generaciones más jóvenes y las zonas periféricas del país, ya había quedado evidenciado tras el estallido de las llamadas protestas de la Gen Z 212 el pasado octubre de 2025. Durante casi dos meses, un cuarto de millón de jóvenes se organizó en la plataforma virtual Discord, en un claro ejemplo de autoorganización –así como de politización– de los jóvenes, al tiempo que numerosas manifestaciones se extendían por todo el reino. El origen del estallido se produjo tras el fallecimiento de ocho mujeres en operaciones de cesárea en Agadir, que concitó las críticas hacia el estado de los servicios públicos y la falta de oportunidades para la juventud marroquí.Las protestas de octubre de 2025 apelaron directamente al rey Mohammed VI, lo que puede interpretarse como un reconocimiento de la legitimidad de la corona. Sin embargo, las concentraciones son también una muestra del interés político y espíritu crítico de los más jóvenes, pese al abstencionismo electoral, además de un reflejo de la crisis del sistema partidista. Las recientes manifestaciones prueban la dificultad del modelo marroquí por poner fin al descontento social desde la Primera Árabe de 2011, cuyo descontento ha desencadenado sucesivas protestas sociales, desde las movilizaciones del Rif 2017 a protestas periféricas más concentradas geográficamente o la llamada al boicot de consumo de productos vinculados con las élites del país en 2018.El gran dilema interno marroquí es trasladar el destacado empeño económico a la mejora de la calidad de vida de amplias capas de la sociedad. Según datos del Banco Mundial, Marruecos presentaba en 2024 un crecimiento del PIB del 3,4 y 4,6 en 2025. Marruecos emerge en los últimos años como una de las economías más atractivas de África y el norte de África y Oriente Medio. Un desarrollo impulsado por los planes de inversión, infraestructuras, industrias, turismo y diversos intentos por diversificar fuentes de energía. La organización del Mundial de Fútbol de 2030 está proyectada como la culminación de esta estrategia desarrollista. No obstante, el optimismo que rodea los datos macroeconómicos queda ensombrecido por varias fracturas sociales, que subrayan las dificultades para traducir el crecimiento económico en una mejora equilibrada de la calidad de vida de la población.La nación marroquí se encuentra en la paradoja de un país a dos velocidades, en el que el crecimiento no llega a todas las capas de la población. Ambos temas se han insertado en las promesas de campaña. Por un lado, la diferencia palpable entre las zonas urbanas más boyantes y los entornos rurales, que padecen de infraestructuras, servicios públicos y atención administrativa. Por otro, la acuciante brecha generacional, que se traduce según las estadísticas oficiales en un desempleo juvenil superior al 37%, las dificultades para acceder al mercado laboral y la vivienda. Esta situación se agudiza si tenemos en cuenta el aumento del peso del sector informal, que representa aproximadamente tres cuartas partes del empleo total del país. Estas problemáticas estructurales se agudizan aún más en el caso de las mujeres.Promesas y temas de la agenda electoralTanto la crisis de Ceuta como las protestas de la denominada generación Z del pasado 2025 han centrado la atención en la desprotección social y el descontento entre los jóvenes. En Marruecos la edad media es de 29,2 años, una población extremadamente joven que no se siente ni escuchada ni representada por el sistema actual de partidos. Las últimas cifras publicadas por el Afrobarometer muestran que sólo un tercio de los jóvenes confía en el primer ministro o los partidos en el gobierno, con tan sólo un 38% declarando su confianza en el parlamento.En esta línea, el poder adquisitivo, el empleo, la expansión de los servicios públicos de sanidad y educación y la soberanía han sido los grandes temas de la campaña electoral. El énfasis en el escaso poder adquisitivo de una parte importante de la población como elemento programático común constituye el mayor intento de respuesta a las crisis sociales experimentadas en el país en los dos últimos años, al tiempo que la atención a los jóvenes quedaba difuminada en los programas.En lo que respecta a las propuestas presentadas, los partidos de la coalición gubernamental saliente, en especial el RNI y el PAM, han tratado de poner en valor los logros alcanzados en la última legislatura, con un discurso que ahonda en el crecimiento económico y la transformación del mapa urbano y de transportes para alcanzar los objetivos del “Horizonte 2030” de Marruecos, que persigue reforzar la posición del país como potencia regional y punto de conexión intercontinental. En el centro de este horizonte figura el Mundial de Fútbol de 2030 como motor de transformación. El futuro Mundial se presenta, así, como un elemento de orgullo nacional, legitimación de los partidos políticos y justificación de las grandes inversiones realizadas, incluso mencionando la posibilidad de celebrar la final en Casablanca por parte del candidato del PAM y presidente de la federación, Fouzi Lejkaa.Por otro lado, la campaña ha estado marcada por el enfrentamiento entre el RNI y el PAM, con especial énfasis en la gestión de las políticas sociales y en la incapacidad del RNI, como partido de gobierno, para mejorar el poder adquisitivo de la población. El debate también ha estado condicionado por las acusaciones de transfuguismo hacia el PAM, que habría experimentado un notable efecto de atracción desde la incorporación de Lekjaa como candidato.En última instancia, el RNI ha sido el partido más castigado por el desencanto social existente en Marruecos, perdiendo un tercio de los escaños que tenían. La dimisión de Ajannouch como secretario general del partido y su decisión de no concurrir a las elecciones ya anunciaban las repercusiones que la situación social tendría sobre el partido.Por su parte, la victoria electoral del PAM culmina una apuesta de Palacio iniciada en 2008, cuando Fouad Ali El Himma, consejero real e íntimo amigo del rey Mohamed VI, fundó el partido, con el ojo puesto en el cargo de primer ministro. Las protestas de la Primavera Árabe en 2011, los ataques personales dirigidos contra la figura de El Himma por su vínculo con el poder y la aprobación de una nueva constitución truncaron esta idea. Queda pendiente conocer a la persona sobre la que recaerá el nombramiento de primer ministro, que parece oscilar entre dos figuras de elevada notoriedad pública. Por un lado, el popular Fouzi Lekjaa, ministro de Presupuesto del gobierno saliente y, sobre todo, presidente de la Federación marroquí de fútbol; por otro, Fátima-Zahra Mansouri, alcaldesa de Marrakech y ministra de Urbanismo, que daría a Marruecos su primera jefa de gobierno, siguiendo la estela de países vecinos como Túnez. La apertura de la sesión parlamentaria está fijada para el próximo 9 de octubre, por lo que tanto el candidato como la formación resultante se conocerán en los próximos días.El segundo ganador de las elecciones podría considerarse el PJD, que logra recuperar una parte de los escaños perdidos, cuadruplicando su peso parlamentario hasta alcanzar los 54 escaños. Su programa se ha construido sobre una fuerte oposición al RNI (acusado de mantener una lógica de predación de los servicios públicos) y al modelo político sostenido, con propuestas de reforma electoral, educativas y de control de la corrupción, lo que parece reforzar su posición como principal fuerza de oposición parlamentaria. Especialmente llamativas han sido las críticas a la política de normalización de las relaciones entre Marruecos e Israel, que cuestionan directamente un ámbito de acción reservado a Palacio y una política especialmente controvertida entre la población.Por otro lado, dos fuerzas extraparlamentarias han llamado al boicot activo de las elecciones: la asociación islamista de oposición Justicia y Caridad y el partido de extrema izquierda Vía Democrática. Este último ha sido objeto de varios episodios de represión que se han saldado con la detención de una veintena de sus miembros por llamar al boicot electoral.Tres grupos continúan infrarrepresentados en el actual modelo electoral marroquí. En primer lugar, destaca la escasa participación de los jóvenes, que únicamente han representado un 4% de los inscritos. La incorporación de una medida electoral para la concesión de ayudas económicas a los menores de 25 años que quisiesen presentar candidaturas electorales, sin importar que tuvieran o no afiliación partidista, pretendía contrarrestar la desafección juvenil. La medida, sin embargo, no parece haber tenido efecto en el desarrollo de las elecciones.Una segunda anomalía tiene que ver con la representación de las mujeres en el parlamento, que ocupaban tan sólo un 24,3% de los escaños en la legislatura de 2021-2026. Una segunda reforma electoral abordaba esta cuestión mediante la creación de listas reservadas a mujeres en las circunscripciones regionales, a través de las cuales se reparten 90 de los 395 escaños que componen la Cámara de representantes. La reticencia de los partidos políticos a impulsar listas encabezadas por mujeres en las circunscripciones locales, ocupando esta posición en tan sólo un 7% de listas que repartirán los 305 escaños restantes, pone en evidencia la limitación de esta medida.Un tercer grupo lo conforman los marroquíes residentes en el extranjero (MRE). Con una cifra que representa más de los cinco millones y una contribución al PIB de aproximadamente el 7,5%, en la forma de remesas, los MRE no tienen acceso al voto (pudiendo recurrir únicamente a un sistema de nombramiento de apoderados) ni tienen reconocidas circunscripciones que les permita concurrir en las elecciones.Dos factores adicionales contribuyen a limitar el efecto de las elecciones. Por un lado, los programas electorales presentados se enfrentan a la escasa capacidad de maniobra presupuestaria de la que dispondrá el gobierno entrante, con un proyecto de ley de presupuestos ya acordado para 2027 y un amplio plan estratégico definido hasta 2030. Por otro lado, la capacidad de acción del gobierno se ve limitada por las prerrogativas ejecutivas del rey y por el mantenimiento de ámbitos de competencia reservada definidos por Palacio, que sustraen las principales áreas de decisión de sus atribuciones.Elecciones en Marruecos y su alcance internacionalLa política exterior en Marruecos mantiene una línea continuista durante todas estas décadas debido a tres factores. En primer término, la política exterior es una competencia directa del monarca y Palacio, quienes no solo nombran a los máximos responsables diplomáticos, sino que establecen unos ejes claros y objetivos. En segundo lugar, los intereses internacionales del reino se han mantenido prácticamente inmutables durante todo este tiempo, lo que ha ayudado a implementar una agenda clara en un complejo contexto mundial. En tercer punto, existe un amplio consenso y compromiso de todos los actores políticos de dentro del sistema sobre la propia política exterior.Los ejes de la política exterior en Marruecos se resumen en tres grandes objetivos. Por un lado, el reconocimiento de la marroquinidad del Sahara por parte de la Comunidad Internacional. Por otro, la consagración del reino marroquí como una potencia central dentro de África y la esfera árabe. Por último, la preservación de la alianza estratégica con EEUU, el socio histórico más importante que tiene Rabat. Ninguno de estos fines es cuestionado por las formaciones políticas que forman parte del sistema, aunque existe un elemento de fricción que es la normalización de relaciones con Israel.Las autoridades marroquíes hicieron una apuesta diplomática arriesgada en 2020, al sumarse a los acuerdos alentados por Donald Trump para impulsar el acercamiento de Israel con países árabes. Esta decisión derivó en una importante crítica social, alentada por partidos islamistas como el PJD o de extrema izquierda como la Vía Democrática. En plena campaña electoral, Marruecos e Israel anunciaron una profundización en sus relaciones bilaterales y la apertura de embajadas.La centralidad del Sahara en la política exterior de Marruecos se ejemplifica en la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que prorrogó la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) un año más, pero tomó en consideración la propuesta de autonomía de Marruecos, consolidando la creciente aceptación del plan de autonomía marroquí. Las aspiraciones de Rabat quedan expuestas en su activa agenda dentro de la Unión Africana, la creciente influencia sobre el Sahel, sus estrechos vínculos con las monarquías del Golfo y el creciente apoyo recabado entre los países europeos, incluyendo el reconocimiento al plan de autonomía marroquí por parte de España en el año 2022. Los esfuerzos del reino también se han centrado en reforzar su posición como hub logístico y comercial en torno al estrecho de Gibraltar y el continente africano. Este objetivo se traduce en más de 20 años de planes de inversión sobre los puertos de Tanger Med 1-Tanger Med 2 y la próxima apertura de Nador West Med, el primero de ellos habiéndose consolidado como referente del transporte marítimo en el Mediterráneo con más de 10 millones de contenedores.Un vector indispensable de la política exterior de Marruecos son sus relaciones bilaterales con España. Existen dos elementos que a pesar de tener implicaciones distintas generan ciertas fricciones. En primer término, la crisis de Ceuta, que pone en entredicho la cooperación fronteriza y reaviva las narrativas más nacionalistas a ambos lados del Estrecho. En segundo lugar, la celebración del Mundial de Fútbol de 2030 y la sede de la final, que, a pesar de ser un tema menor, ha generado una dinámica de competición entre los tres anfitriones por ver quién acoge este gran evento deportivo.ConclusionesLas elecciones en Marruecos reafirman el modelo político establecido tras la reforma constitucional de 2011. La revalidación de los tres partidos gobernantes, todos ellos próximos a Palacio, favorece la estabilidad y continuidad política. Sin embargo, los comicios también han puesto en evidencia un problema de conexión entre amplias capas de la sociedad marroquí con el sistema político. La baja participación muestra la creciente brecha social en el país, a la que los actores gubernamentales no son capaces de dar respuesta y que amenaza con desembocar en estallidos de protestas en el futuro.Las elecciones en Marruecos apuestan por una continuidad en las grandes políticas aplicadas en los últimos años. Estas medidas quedaron expuestas en el discurso del rey Mohammed VI el 29 de julio de 2026 en el Día del Trono. La intervención del monarca estuvo centrada en poner en valor la seguridad y estabilidad alcanzada en el país, así como la consolidación de los planes de desarrollo y reformas de los últimos años. No obstante, la festividad nacional quedó ensombrecida por la entrada masiva de migrantes a Ceuta el 30 de julio, muchos de los cuales eran jóvenes marroquíes.Las elecciones en Marruecos y las propuestas escuchadas durante la campaña electoral muestran un continuismo, que es resultado de un proyecto de país que espera alcanzar su punto álgido con la celebración del Mundial de Fútbol en 2030 y el reconocimiento internacional de las grandes potencias de la marroquinidad del Sahara. Sin embargo, la gran visión nacional contrasta con la fragilidad social, origen de un descontento que se ha manifestado de manera recurrente en los últimos años. Unos episodios de protestas y revueltas que no son episodios aislados y que responden a los problemas estructurales del país.Las elecciones en Marruecos reafirman la imagen de un país a dos velocidades, que está conformada por quienes participan y se ven beneficiados del progreso y desarrollo alcanzado en los últimos tiempos, y, por otro lado, por quienes se sienten apartados por un sistema que no les deja otra salida que emigrar. El gran reto del nuevo ejecutivo marroquí será intentar atender a las distintas aristas de la sociedad marroquí, mientras sigue implementado una política exterior que busca consolidar al reino como una potencia árabe y africana, puente hacia Europa y la esfera occidental.Autores: Alfonso Casani Herranz, David Hernández Martínez.La entrada El futuro de Marruecos tras las elecciones de 2026 se publicó primero en Real Instituto Elcano.