Una familia plantó una cantidad descomunal de árboles en Brasil. 25 años después, ha aparecido una criatura que no se veía desde hace 103 años

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En la década de 1990, una familia recibió unas tierras castigadas durante décadas por la ganadería y la deforestación en el estado brasileño de Río de Janeiro. En lugar de seguir explotándolas, Nicholas y Raquel Locke emprendieron un proyecto que acabaría transformando antiguos pastos en un bosque: durante más de dos décadas se han plantado alrededor de 840.000 árboles autóctonos y restaurado más de 600 hectáreas. El resultado, como veremos, no solo se mide en árboles. Convertir antiguos pastos en bosque. La historia se desarrolla en Cachoeiras de Macacu, dentro de uno de los ecosistemas más castigados de Brasil: la Mata Atlántica. Parte de los terrenos que hoy forman la Reserva Ecológica de Guapiaçu (REGUA) habían sido talados, drenados y utilizados para agricultura y ganado, dejando pastizales donde anteriormente había bosque y humedales. Nicholas y Raquel Locke comenzaron a revertir ese proceso y en 2001 consolidaron REGUA con una idea sencilla pero gigantesca en escala: proteger lo que quedaba y devolver árboles a todo lo que pudiera recuperarse. En Xataka Una pareja compró una enorme explotación ganadera en Patagonia para destruir el negocio. 14 años después, Chile tiene algo que no se compra con dinero El contador se dispara. La restauración se hizo poco a poco y utilizando especies propias de la Mata Atlántica. REGUA creó un vivero que llegó a trabajar con alrededor de 120 especies autóctonas, muchas obtenidas a partir de semillas recogidas en bosques cercanos, y contó con el apoyo de organizaciones conservacionistas como World Land Trust. Con los años, las plantaciones acumuladas rondaron los 840.000 árboles y más de 600 hectáreas volvieron a cubrirse de vegetación, una transformación importante porque no solo recuperaba superficie forestal: también ayudaba a unir fragmentos de bosque que habían quedado aislados. Paisaje de un área degradada resultante de la extracción de madera de la antigua Fazenda do Carmo Empezar a reconstruir algo más. La vegetación permitió recuperar zonas húmedas anteriormente drenadas y devolver refugio y alimento a especies que habían perdido buena parte de su hábitat. De hecho, REGUA alberga actualmente más de 460 especies de aves, además de reptiles, anfibios y numerosos mamíferos, y forma parte de una zona protegida mucho mayor en torno a la cuenca del río Guapiaçu. Esa recuperación tenía además una consecuencia especialmente ambiciosa: el territorio volvía a reunir las condiciones necesarias para intentar devolver algunos de las grandes criaturas que habían desaparecido de Río de Janeiro en el último siglo. Primera parte de la restauración llevada a cabo por REGUA Sin noticias desde 1914. Sí, el tapir sudamericano es el mayor mamífero terrestre de Sudamérica, pero la destrucción del hábitat y la caza acabaron expulsándolo del estado de Río de Janeiro. El último registro confirmado se produjo en 1914, en el Parque Nacional de Serra dos Órgãos. Durante más de un siglo desapareció del paisaje hasta que, en 2017, el proyecto Refauna inició junto a REGUA un programa para reintroducirlo precisamente en aquellos bosques que llevaban años recuperándose. Los tapires no regresaron solos. Es un matiz, pero fundamental. No ocurrió que, después de plantar cientos de miles de árboles, un tapir apareciera misteriosamente entre ellos: los primeros ejemplares aparecieron porque fueron trasladados y liberados deliberadamente por científicos. Entre 2017 y 2021 se introdujeron 14 animales procedentes de seis centros de cría, y posteriormente fueron seguidos mediante cámaras trampa y otros sistemas de monitorización. Lo extraordinario, de hecho, vino después: los animales se adaptaron al nuevo entorno y comenzaron a reproducirse en libertad. La señal de éxito. En septiembre de 2025 REGUA había registrado ya ocho crías nacidas dentro de la reserva. Una de ellas pertenecía además a la segunda generación nacida en Río de Janeiro desde la desaparición de la especie: su madre, Jasmim, había sido reintroducida en 2020 y posteriormente tuvo varias crías. Ya no se trataba simplemente de animales trasladados por humanos a un bosque restaurado, sino de una población capaz de reproducirse y comenzar a establecerse en un territorio donde el tapir llevaba ausente más de cien años. En Xataka En junio, cuatro estudiantes envolvieron parte de un glaciar con lana de oveja. Acaban de descubrir que frenaron su deshielo a la mitad Los tapires también ayudan. Porque hay una última vuelta de turca especialmente interesante en la historia. Los árboles hicieron posible recuperar un hábitat adecuado para los tapires, pero las criaturas ahora pueden devolver el favor: al alimentarse de frutos y desplazarse grandes distancias, dispersan semillas y contribuyen a la regeneración forestal. Así, dos décadas después de comenzar a plantar árboles en unos terrenos inhóspitos y degradados, REGUA ha conseguido cerrar una especie de círculo ecológico: primero reconstruyó el bosque para que regresara uno de sus grandes habitantes y ahora ese habitante puede ayudar a que el propio bosque siga creciendo.Imagen | Allan Hopkins, REGUAEn Xataka | El secreto de los cocodrilos marinos para viajar 590 kilómetros por el océano no es nadar, es "surfear"En Xataka | A mediados de los 80, las malvasías cabeciblancas estaban a punto de desaparecer de la península. Entonces, el gobierno tuvo una idea: francotiradores - La noticia Una familia plantó una cantidad descomunal de árboles en Brasil. 25 años después, ha aparecido una criatura que no se veía desde hace 103 años fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .