Una defensa antidrones puede consumir poca energía por intervención y necesitar una inversión elevada para empezar a funcionar. Son dos cuentas distintas. La primera refleja lo que cuesta utilizar el equipo una vez desplegado; la segunda incluye adquirirlo, instalarlo y mantenerlo preparado para responder a una amenaza.Esa diferencia resulta decisiva cuando se compara un misil con un sistema de energía dirigida. El misil desaparece en cada lanzamiento y hay que reponerlo. Un emisor eléctrico utiliza una instalación que permanece sobre el terreno, aunque también depende de recursos materiales y de personas capaces de operarla.Las microondas de alta potencia buscan aprovechar esa diferencia contra la electrónica de los aparatos. La promesa económica llama la atención en un entorno de drones pequeños y numerosos, pero el precio de una intervención solo tiene sentido cuando se especifica qué gastos entran en el cálculo.Pulsos contra la electrónica Leonidas pertenece a la familia de equipos de energía dirigida que Epirus desarrolla para hacer frente a amenazas electrónicas. A diferencia de las armas láser, utiliza microondas de alta potencia. La compañía presenta el control mediante software y la posibilidad de actuar frente a grupos de drones como partes de su propuesta tecnológica.Andy Lowery detalló la cuenta durante su participación en Shawn Ryan Show, publicada el 27 de abril de 2026: «El combustible que necesitamos para derribar un dron cuesta solo unos céntimos». La frase procede del consejero delegado de Epirus y describe el consumo asociado a la acción, no una tarifa completa por aparato neutralizado.En la misma explicación, Lowery reconoce que comprar los sistemas grandes resulta caro y que su precio varía con los sensores y la configuración. Por tanto, su comparación económica depende del uso posterior. Una instalación destinada a proteger una base aérea tendría que amortizar el conjunto de la inversión, además de pagar la energía que consume.La cuenta completaLa Oficina de Rendición de Cuentas estadounidense, GAO, recoge en su análisis de estas armas la posibilidad de abaratar cada disparo mientras exista suministro energético. También advierte de dificultades de alcance, refrigeración e integración. Las condiciones de funcionamiento importan y no todas las tecnologías de energía dirigida responden igual ante el entorno.En particular, un láser concentra la energía en un haz estrecho, mientras ciertas armas de microondas pueden afectar a varios equipos dentro de una zona. Esa diferencia exige considerar también los medios propios presentes en ella. El desarrollo de energía dirigida en España pertenece a esta búsqueda de alternativas, con sistemas y necesidades diferentes.La defensa tampoco empieza al activar el emisor. Antes debe localizarse el aparato, distinguirlo y transmitir la información al medio que vaya a intervenir. Las tecnologías de detección forman parte de esa cadena y añaden costes. Detectar y neutralizar son tareas distintas, aunque ambas deban coordinarse para proteger una instalación.La declaración permite entender por qué existe interés por las microondas, siempre que se mantenga su alcance económico. Un consumo de céntimos puede ser una ventaja durante un uso repetido; no convierte una defensa completa en un equipo barato. La factura empieza mucho antes de que aparezca el primer dron en sus sensores.