Los monjes ortodoxos se levantan a rezar a las cuatro de la madrugada en el monasterio de San Gregorio, situado en el monte Athos, considerado por los cristianos ortodoxos el jardín de la Virgen María. Ni siquiera a esa hora el chapoteo del mar Egeo y el canto de los pájaros logran imponerse al ronroneo de los generadores eléctricos. Horas más tarde se sumará al concierto el estruendo de una obra de infraestructura costeada por el Gobierno griego y la Unión Europea. La modernidad avanza a golpe de fondos comunitarios sobre este emplazamiento de 20 monasterios donde algunos monjes ya suben las pendientes en todoterrenos. Tal vez dentro de unos años circulen coches eléctricos o vuelen drones que transporten comida a los lugares más escarpados. Lo que no se verá, probablemente, serán mujeres.Seguir leyendo Reportaje elaborado en el marco del proyecto ‘Europa Informada’, financiado por el Parlamento Europeo.