El MIT crea una batería que se puede tragar: funciona tres días en el estómago y después se degrada

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La ciencia cada vez avanza más rápido, tanto que ya tenemos baterías diseñadas para tragarse dentro de una cápsula médica y descomponerse después en el organismo. Es lo que ha desarrollado un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). La propuesta busca que puedan funcionar durante varios días y que sus componentes se degraden una vez cumplida su tarea.Los investigadores, cuya investigación puede leerse en la revista Nature, han probado estas baterías en cerdos, donde permanecieron operativas en el estómago hasta tres días. También consiguieron alimentar un sistema de comunicación inalámbrica y una cápsula que estimula eléctricamente el tejido gástrico.Tres días de funcionamiento dentro del estómago Los dos formatos de batería y su degradación | Crédito: MIT NewsLa elección de los materiales resulta fundamental porque no pueden ser tóxicos y deben degradarse. En este caso, el objetivo es reducir el riesgo de lesiones si se deteriora la protección de una cápsula médica. Para ello, el equipo ha utilizado materiales biorreabsorbibles, que se descomponen en sustancias que el organismo puede procesar. Suscríbete a la newsletter de Andro4allLa batería combina magnesio y trióxido de molibdeno, con fibras de celulosa como soporte y un gel que permite el movimiento de iones. Además, incorpora ceras naturales para evitar que se degrade demasiado pronto. Alcanza una tensión máxima de 1,84 voltios en circuito abierto. Los investigadores la fabricaron en dos formatos para adaptarla a distintos dispositivos.Una de las pruebas consistió en alimentar una etiqueta RFID, una tecnología que transmite información mediante ondas de radio. El sistema logró comunicarse desde el aparato digestivo con un receptor situado a 1,5 metros. Esta capacidad podría servir para registrar la toma de medicamentos mediante cápsulas electrónicas, una de las aplicaciones que estudia el equipo.Por otro lado, la batería alimentó una cápsula que aplica pequeñas corrientes al estómago. Tras 20 minutos de estimulación, los niveles de grelina, una hormona relacionada con el hambre, aumentaron alrededor del 50 % en los animales. Los autores plantean investigar esta vía frente a enfermedades que provocan pérdida de apetito en humanos.No obstante, el desarrollo sigue en fase preclínica y las pruebas incluyeron pocos animales. Además, la placa electrónica de la cápsula de estimulación no era biodegradable y se expulsó de forma natural. Antes de trasladar esta tecnología a pacientes, será necesario estudiar su seguridad a largo plazo y avanzar hacia dispositivos cuyos componentes puedan degradarse por completo.