Un jugador descargaba un título indie, jugaba unas partidas y hasta dejaba una reseña. Mientras tanto, el juego robaba en silencio sus contraseñas y el acceso a sus billeteras de criptomonedas. Durante casi dos años, esa operación pasó inadvertida, hasta que el propio ladrón dejó un rastro imposible de borrar: pedidos de comida a domicilio