Durante más de cien años, los astrónomos sospecharon que los observadores de la Antigüedad habían cometido un error. Hoy Theta Eridani apenas alcanza magnitud 2,9, un brillo modesto. Pero un nuevo estudio con datos de los telescopios más avanzados del mundo llegó a una conclusión inesperada: los antiguos tenían razón, y detrás de ese fulgor perdido hay un cataclismo estelar que duró mil años