Telecinco emitió este lunes 20 de julio el último capítulo de aventura por China de 'Universo Calleja'. Los protagonistas de la expedición afrontaron junto a Jesús Calleja el último tramo del viaje. El nuevo episodio retomó el desafío de la vía ferrata de Huashan, donde el grupo superó uno de los tramos más exigentes del viaje antes de despedirse de Luis Zahera, y culminó en la Gran Muralla China, escenario del último gran desafío. Entre medias, los recorrieron por algunos de los lugares más emblemáticos de Pekín, donde Jesús Calleja recibió al nuevo integrante, Jordi Roca. El imponente escenario de la Ciudad Prohibida fue testigo de una de las conversaciones más personales del chef, en la que compartió con el presentador confidencias sobre su trayectoria y se abrió en canal sobre sus problemas de salud. El repostero de El Celler de Can Roca padece dos trastornos neurológicos, disfonía espasmódica y distonía cervical, «una afección en la que el cerebro no reconoce unos cuantos músculos», le explicó a Calleja. «Llevo siete años de rehabilitación y poco a poco se va consiguiendo una mejora», agregó, para después remontarse al momento en que le ocurrió. «Fue cosa de hace 15 años o más. Ese día estaba trabajando en el ordenador y de repente noto como si la cabeza se me pusiera para allá. No podía bajarla, estaba tenso y me asusté mucho porque de repente pierdes el control de tu cuerpo», continuó narrando el cocinero. Ahora, puntualizó Jordi Roca, puede esforzarse en hablar. De hecho, lo suele hacer a la hora de grabar tutoriales de cocina en redes sociales, tal y como le contó al presentador. «Me paso el vídeo gritando para que se me oiga bien. Cuando gesticulo, puedo hablar mejor. Entonces, hago tonterías y me lo paso de puta madre. Me descojono». Calleja le aplaudió la capacidad del invitado para reírse de las cosas que le han ocurrido. Sin embargo, psicológicamente ha sido un camino duro. Hasta que no supe qué me pasaba, hubo un runrún de no encontrar la salida, de no tener un diagnóstico… «¿Qué coño me pasaba? O sea, pensaba que era algo mental», se sinceró. Pero una vez lo supo, fue capaz de afrontar sus dolencias con otra actitud. Tanto es así que ya no le condicionan. «No hago nada que no hiciera si estuviera bien. Hago todo lo que me da la gana. Soy feliz, me va de puta madre. Y me la pela», reafirmó.