Entrevista | Radiografía del sector energético de Venezuela, el país con más reservas de petróleo del mundo

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Álvaro Martínez de Bourio, líder de energía y managing director de BCG.Boston Consulting Group (BCG) volvió a mirar hacia Venezuela. Tras años en los que su condición de firma estadounidense le impidió hacer negocios importantes con el país, la consultora acumula entre 12 y 16 meses de mayor actividad, con proyectos en varios sectores y desde enero evalúa de manera más activa cómo incrementar su presencia, tanto con clientes locales como con compañías colombianas interesadas en instalarse allí. Por ahora no tiene oficina en Caracas: la operación se lleva desde Bogotá.Álvaro Martínez de Bourio, líder de Energía para Colombia, Perú, Chile y Argentina, managing director y socio de BCG, resume el momento venezolano con una cifra: el país tiene algo más de 300.000 millones de barriles en reservas probadas de crudo, por encima de los cerca de 270.000 millones de Arabia Saudita, pero produce entre 850.000 y 1,1 millones de barriles diarios, menos del 1 % de la producción mundial y lejos del pico de 3,5 millones que alcanzó en 1998.En entrevista con Valora Analitik, Martínez de Bourio explicó qué tan avanzadas están las conversaciones con inversionistas, en qué punto está Pdvsa frente a Ecopetrol, Petrobras e YPF, y qué tendría que pasar para que Venezuela vuelva a pesar en el mapa energético mundial.¿Qué tan presente está Venezuela dentro de BCG?Siempre hemos tenido a Venezuela en el radar, pero por cuestiones estructurales que se escapan de nuestra propia voluntad, somos una compañía americana, nos ha sido imposible hacer negocios con Venezuela en los últimos años.En todo caso, desde hace 12 o 16 meses estamos más activos: hemos tenido un par de proyectos en varios sectores en Venezuela y, como todos, desde el mes de enero estamos viendo más activamente cuáles pueden ser nuestras opciones allí.De momento no tenemos una oficina en Caracas, lo llevamos desde Bogotá, pero sí estamos viendo cómo incrementar nuestra presencia, tanto de la mano de clientes locales, como ha sido el caso en los últimos tiempos, como potencialmente de clientes fundamentalmente colombianos que quieran establecer una presencia allí.¿Cómo ha visto la conversación con clientes y posibles inversionistas cuando se habla de Venezuela?Hay que separar por sectores. Si hablo del que tengo más cercano, que es el de energía, es una conversación que está sobre la mesa cada vez con mayor intensidad, pero a la vez con cierta precaución y cierta cautela. Se está empezando a ver el interés de las empresas energéticas, especialmente en temas petroleros y eléctricos.Hay compañías que están empezando a dar pasos decisivos, algunas colombianas o de capital mixto, pero con presencia significativa en Colombia, y varios de estos clientes han hablado con nosotros de estas opciones.Por otro lado, hay cautela en cuanto a ver qué acaba ocurriendo en Venezuela, cuál acaba siendo la situación final y qué tipo de seguridad jurídica habrá. El capital es lo más prudente que hay: no es lo mismo tener conversaciones que invertir la plata. Las compañías están esperando a que se den las condiciones de seguridad jurídica para poder invertir en el país vecino.Opciones de exportación a Venezuela. Foto: CanvaY algunas se están encontrando con cierta dificultad en cuanto a quiénes son sus verdaderos interlocutores, interlocutores que desde el otro lado de la frontera si tengan la capacidad de mover la agenda y materializar conversaciones en inversiones reales.Resumiendo: interés creciente, interés real, algunos ya dando pasos concretos, pero acompañado de cautela y de falta de certezas en cuanto a los pasos a dar. Al final, Venezuela ha estado cerrada tanto tiempo al negocio internacional que no es tan fácil.¿Cómo describiría el sector energético de Venezuela hoy?Venezuela representa probablemente la mayor brecha en el mundo entre recursos y ejecución en el sector energético. Estamos hablando de un país que tiene un poco más de 300.000 millones de barriles en reservas probadas; para hacerse una idea, Arabia Saudita debe tener aproximadamente 270.000 millones. Y su producción, centrándome en hidrocarburos, está entre 850.000 y 1,1 millones de barriles diarios, no tan lejos de Colombia, que está en 750.000 u 800.000, frente a un pico que tuvo Venezuela en 1998 de 3,5 millones de barriles. Hoy es menos del 1 % de la producción mundial con las mayores reservas de hidrocarburos del planeta.La oportunidad es enorme desde el punto de vista numérico, pero todavía falta una hoja de ruta clara. Ha habido cambios regulatorios, algún tipo de licencias, anuncios, reuniones bilaterales, pero lo esencial para dar confianza al capital, unas reglas estables e interlocutores claros que tengan autoridad para poder firmar, todavía no está ahí, o no es tan evidente quiénes son.Ecopetrol, Petrobras e YPF pasaron por procesos de transformación. ¿Qué tienen en común y en qué punto está Pdvsa?Lo que tienen en común, y voy a decir algo muy obvio, es que todas pertenecen a sus Estados: en Ecopetrol, el 88,5 % pertenece al Gobierno colombiano; Petrobras es prácticamente toda estatal e YPF también. Y todas en un momento dado pasaron por una necesidad de transformación.Ecopetrol lo hizo hace una década y tengo la certeza de que requiere una nueva transformación hoy en día. Petrobras pasó por momentos difíciles en la última década y está saliendo adelante. E YPF, sobre todo a raíz de la entrada del nuevo CEO, Horacio Marín, está experimentando una transformación que se ve en sus números, empezando por la cotización bursátil.Todas tienen en común, primero, disciplina financiera: rigor en las inversiones y en la manera de utilizar la plata, con procesos rigurosos para tomar esas decisiones con criterios de generación de valor, que al final redundan en beneficio social para los países, y no con criterios ideológicos.En segundo lugar, la gobernanza: lograr una toma de decisiones que no esté contaminada por impulsos políticos, sino que parta de lo técnico. No olvidemos que estas compañías suelen suponer un porcentaje muy importante del producto interno bruto y representan una transferencia de renta muy significativa en dividendos, regalías e impuestos. Y en tercer lugar, atraer inversión privada allá donde la compañía nacional no alcanza, bien porque no tiene las capacidades o bien porque necesita diluir su riesgo, como hace YPF en Vaca Muerta y en su proyecto de gas natural licuado, que va a ser uno de los más grandes de Latinoamérica, o como hizo Ecopetrol en el pasado con Cenit o diluyendo su participación en algunos campos clave y en parte del offshore.Imagen: Generada en NanoBanana de Gemini.Luego el foco de cada una fue diferente: Ecopetrol se convirtió, de manera brillante, en una de las compañías más eficientes del mundo, como lo dijeron varios banqueros de inversión; Petrobras fue capaz de generar escala y atraer grandes inversionistas para desarrollos de dimensión enorme en el presal, en el offshore de la Cuenca de Santos; e YPF va hacia un modelo de foco donde tiene ventaja competitiva, en los no convencionales.Pdvsa está varios escalones por detrás de cualquiera de las otras compañías nacionales. Tiene un grave problema de gobernanza y de talento que va a tener que resolver, una situación de deuda muy significativa y litigios. Pero también tiene los fundamentales: la gran mayoría de esas reservas está en manos de Pdvsa.El camino a recorrer es más largo y en ese sentido la oportunidad que se abre para las compañías, especialmente las colombianas de llevarle a Pdvsa las capacidades técnicas y financieras que necesita para desarrollar la industria de hidrocarburos es enorme. Siempre y cuando se cumpla lo que decía antes: tener a alguien con quien hablar y unas condiciones estables.¿Tendría sentido hoy hablar de una interconexión eléctrica o de gas con Venezuela?Yo diría que tiene todo el sentido, especialmente a largo plazo. Tiene sentido político y tiene sentido estratégico, sobre todo en gas. Hemos entrado en una situación de reservas limitadas, producción limitada y déficit de gas en Colombia.Lo que puede sacarnos de ese déficit son soluciones que no son gratis: incrementar el desarrollo de campos onshore, redoblar las apuestas por el offshore o importar gas. Y desde luego la importación de gas venezolano podría ser una oportunidad muy competitiva.El problema es más operativo y de corto plazo; tiene solución, pero también vale plata. El gasoducto Antonio Ricaurte de más o menos 225 kilómetros, que de hecho se desarrolló en 2007 para poder importar gas, ahora mismo está inservible. Pero creo que con ciertas inversiones y no en un tiempo demasiado largo, podría ponerse en marcha y ser una de las soluciones que mitiguen la situación de gas que estamos viviendo en Colombia.En interconexión eléctrica es bastante parecido. Colombia está tratando de generar esas interconexiones con Panamá y con Venezuela. Como estrategia de mediano y largo plazo puede ser interesante, pero nos topamos con la necesidad de inversión para hacerla una realidad operativa en el corto plazo.Los flujos migratorios entre Colombia y Venezuela se mantienen estables pese al convulso contexto político. Imagen: Gemini.¿Qué ha pasado en materia de energías renovables en Venezuela?Desde hace bastante tiempo hablo, centrándome en Colombia, de una transición energética inteligente: una que balancee de manera razonable los diferentes vértices del cuatrilema energético.Yo quiero energía limpia, pero también quiero energía segura y asequible para los consumidores. El péndulo, que en los últimos años corría a gran velocidad hacia la sostenibilidad ambiental, se ha movido más recientemente hacia la asequibilidad y la seguridad.Lo que está ocurriendo en Irán con el Estrecho de Ormuz está haciendo que muchos países pongan su atención en ser soberanos energéticamente. Algunos no tienen esa posibilidad: mi país, España, depende por definición de las importaciones porque no tiene recursos propios.Colombia no; Colombia tiene sus recursos, y Venezuela ni qué decir. Y la asequibilidad se vio después de la guerra de Ucrania, cuando Rusia cortó el suministro de gas del que dependían países como Alemania, que se había deshecho de su generación con carbón y se vio ante unas subidas de precio enormes.Uno tiene que tratar de hacer una matriz energética cada vez más limpia, se lo debemos a las siguientes generaciones, pero sin olvidar asegurar el suministro y que ese suministro se pueda pagar, más en países tan desiguales como Colombia.Dicho todo esto, ¿dónde está Venezuela? Venezuela se ha movido muy poco, básicamente en el sector energético en general. La falta de inversiones en hidrocarburos ha sido flagrante: en casi 30 años se pasó de más de 3,5 millones de barriles a un millón de producción. Y tampoco se han hecho inversiones relevantes en renovables. No es un país que esté en el mapa en cuanto al avance en limpiar su matriz energética, como sí lo está, por ejemplo, Chile en Latinoamérica.¿Cuánto pesa la migración del capital humano en la recuperación del sector energético venezolano?Es una gran pregunta porque normalmente está fuera de los debates y de los modelos financieros. Se habla mucho de la falta de inversión y de lo que se necesitaría para reactivarla en términos de capital, pero el tema del talento en muchos casos se subestima.Algunos datos hablan de que a 2019, en los seis años anteriores, habían salido más de 50.000 ingenieros del país, y más de 20.000 salieron de Pdvsa. Muchos se fueron al Mar del Norte, a Canadá, a Medio Oriente e incluso a Colombia: aquí tenemos muy buen talento venezolano en el mundo del gas que proviene de entonces. Y en agregado, algunos estiman que a 2022 habían emigrado más de siete millones de venezolanos, más del 20 % de la población.En una industria como la petrolera, que es intensiva en capital en todos los sentidos (en recursos financieros, pero también en talento), ese conocimiento no se va a reemplazar en poco tiempo.Imagen: Canva.Ingenieros que conozcan bien las reservas y las cuencas del Orinoco están repartidos por el mundo. Es un reto gigante conseguir desarrollar nuevo talento y atraer parte del que se marchó, pero como todo reto, me gusta verlo también como una oportunidad. Y si me pongo la cachucha de Colombia: aquí hay un talento significativo en la industria petrolera y unas reservas no tan grandes como las de Venezuela. Desde ese punto de vista, la oportunidad para Colombia, no solo de generación de negocios sino también de capital y capital humano, es importante.Para cerrar, un mensaje a las empresas que estén pensando en llegar a Venezuela: ¿dónde ve el sector energético venezolano en los próximos años?Es una pregunta difícil; nadie tiene la bola de cristal y tampoco quiero ser esclavo de mis palabras. Pero tengo optimismo con cautela con Venezuela. Si se logra tener un marco jurídico estable en los próximos dos años, vamos a ver una situación muy diferente.¿Cómo podrían ser las proyecciones? Ojalá durante este año volver en torno al millón de barriles, protagonizado básicamente por las compañías que ya están allí, fundamentalmente Chevron y algún otro. Si las cosas se hacen bien, se logra ese marco jurídico, se empieza a trabajar en una transformación profunda de Pdvsa y se abre el mercado a nuevos contratos petroleros con compañías externas, ojalá se pudiera llegar en 2028 al millón y medio de barriles, y en la siguiente década recuperar niveles anteriores.Las proyecciones que iba leyendo, por ejemplo, de S&P Global, los organizadores de CERAWeek en Houston, hablan más de llegar a 1,5 millones de barriles en 2030.Lo que no se puede olvidar es que se va a necesitar plata, y no una plata menor: a lo mejor se van a necesitar unos US$3.000 millones anuales en estos años. Hay que encontrar quién los va a poner, y para eso hay que dar un marco jurídico claro. Recuperar los tres millones de barriles costará tiempo; las inversiones petroleras son de ciclo largo. Aunque quién dice que no se puedan dar las circunstancias para acelerar, como pasó en el Permian: Estados Unidos importaba crudo no hace tanto, en 2008, y en menos de una década se convirtió en uno de los mayores productores del mundo gracias a ese desarrollo súper acelerado.Más allá de la plata y del capital humano, lo más importante es lograr construir ese marco institucional que dé confianza al capital, que por naturaleza es desconfiado y cauteloso.Destacado: La relación comercial Antioquia–Venezuela: 20 años de auge, 15 de caída y una reapertura con oportunidades.Si uno mira a Argentina, que la gente está empezando a ver como un caso de éxito, todavía le está costando atraer capital privado extranjero por su historia de las últimas dos décadas, con un marco volátil que cambiaba. Eso lo están trabajando y se está empezando a revertir.En Venezuela tendrá que pasar lo mismo: trabajar en ese marco institucional, y a partir de ahí atraer el capital financiero y el capital humano. Ojalá acabemos ante el escenario más optimista y que, dentro de él, las compañías colombianas y el capital colombiano tengan un papel protagonista.