Unos pollitos recién nacidos que jamás habían escuchado una palabra reaccionaron a “bouba” y “kiki” exactamente igual que los humanos. El experimento sugiere que una de las piezas más extrañas del lenguaje pudo existir millones de años antes de que aprend

Wait 5 sec.

Las crías asociaron espontáneamente los sonidos suaves con formas redondeadas y los más cortantes con figuras puntiagudas. El hallazgo apunta a que ciertas conexiones entre sonido y significado no dependen únicamente del aprendizaje, sino de mecanismos perceptivos profundamente antiguos.