Llevamos décadas temiendo al robot que despierta: los laboratorios de robótica dividieron ese miedo en dos palabras distintas, y solo una les interesa de verdad

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La ciencia ficción imaginó máquinas que anhelan ser humanas o que sueñan con ovejas eléctricas. La robótica real persigue algo mucho menos poético: un robot que se dé cuenta a tiempo de que se está quedando sin batería. Entre esas dos imágenes se libra hoy un debate que mezcla ingeniería de precisión con preguntas que la filosofía no terminó de responder