La nebulosa Medusa siempre ha llamado la atención de los astrónomos, pero lo que acaban de descubrir sobre ella muy pocos o nadie se lo esperaba. Conocida científicamente como IC 433 y ubicada a unos seis mil años luz de nosotros, en la constelación de Géminis, esta enorme nube de gas en expansión es el rastro visible de la muerte violenta de una estrella. Además, esta estrella no estaba sola. Un estudio reciente publicado en la revista Nature Communications acaba de revelar que tenía una compañera que saltó por los aires mucho antes, entre veinte mil y cien mil años atrás. Estamos, de hecho, ante el primer caso confirmado de un sistema estelar binario en el que sus dos integrantes terminan estallando como supernovas. Detectar un fenómeno así en nuestra propia galaxia no es una tarea fácil. Cuando una estrella masiva explota, deja tras de sí una nube de escombros que se propaga durante milenios. El problema es que la Vía Láctea está llena de estas estructuras y conectar unas con otras resulta ser un gran rompecabezas. Con IC 443 la cosa se complicaba todavía más, ya que se encuentra atrapada en una zona muy congestionada, envuelta en una densa red de gas y polvo que hasta ahora impedía ver con claridad lo que había en su alrededor.Rayos X y rayos gamma tras la pista del segundo remanente estelar Comparación espacial de la emisión de rayos X, rayos gamma e infrarrojos (IR) en las cercanías de G189.6+3.3Para despejar dudas, el astrofísico Miltiadis Michailidis y su equipo decidieron cruzar dieciséis años de observaciones en rayos gamma del telescopio Fermi con datos de rayos X del instrumento eROSITA y otras mediciones astronómicas. Al combinar todos los datos, demostraron que un remanente de supernova descubierto hace poco, denominado G189.6+3.3, comparte exactamente el mismo espacio físico que Medusa. No se trata de una ilusión óptica por perspectiva desde la Tierra: ambos están pegados y a la misma distancia de nosotros. Al calcular los tiempos de cada explosión, las piezas terminaron de encajar. La estrella que dio origen a G189-6+3,3 explotó primero, dejando a su compañera sola durante miles de años hasta que esta corrió exactamente la misma suerte. Varios análisis estadísticos y simulaciones por ordenador confirman que la probabilidad de que todo sea una mera casualidad es casi nula. Ambas estrellas nacieron juntas, vivieron juntas y murieron a causa de dos grandes explosiones, ofreciendo a la ciencia una oportunidad fantástica para entender mejor cómo evolucionan y mueren los sistemas estelares binarios en el universo.