Una pequeña mancha detrás de una galaxia conocida parecía no tener nada de especial. Un equipo argentino descubrió que escondía un sistema completamente distinto, situado mucho más allá de lo que sugerían las primeras observaciones

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El análisis en distintas longitudes de onda permitió separar una fuente que durante años se había confundido con NGC 300. El hallazgo demuestra que algunos objetos lejanos pueden permanecer ocultos no por falta de brillo, sino porque su luz se superpone con estructuras más cercanas.