El Alimentario, el restaurante de Torre del Mar que da sentido a la «sencillez compleja»

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« Sencillez compleja ». Para entender este lema con el que ellos mismos se definen, basta con cruzar la puerta. Libros, botellas de vino, utensilios de cocina y una luz tenue reciben al comensal en un espacio donde nada parece dispuesto para impresionar. Todo parece sencillo. Sin embargo, conforme pasan los primeros minutos, esa aparente simplicidad acaba construyendo algo mucho más difícil de conseguir: la sensación de estar entrando en una casa donde todo tiene su lugar . Esa impresión no desaparece cuando uno se sienta a la mesa. Elisabeth y Víctor consiguen que el servicio fluya con una naturalidad difícil de encontrar. Saben cuándo explicar un plato y cuándo dejar el espacio para que sea el propio bocado quien hable. Recomiendan , conversan y acompañan sin invadir nunca el espacio del comensal. Hay una cercanía que no resulta aprendida, sino espontánea, y que termina reforzando esa idea de unidad que ya se intuía al entrar. Antes incluso de que arranquen los primeros platos, merece la pena detenerse —si se tiene la ocasión— unos minutos a hablar con Jaime Tejedor . La conversación deja entrever a un chef profundamente agradecido con el equipo que le rodea y con el camino recorrido hasta levantar este proyecto en Torre del Mar . Habla de su restaurante convencido de que el tiempo nunca es un obstáculo cuando el objetivo es hacer las cosas bien . Esa forma de entender el oficio acaba apareciendo después, una y otra vez, en cada pase. El primer bocado llega acompañado de un consejo de Elisabeth: «Empieza por una. Si luego te quedas con ganas, pedimos otra». La protagonista es una croqueta de carne asada y mostaza , cuya corteza apenas opone resistencia antes de romperse y dar paso a un interior generoso, intenso y cremoso. Basta una para entender el mensaje. Continúa un salmón suke acompañado de rábano picante y pepino. El pescado apenas pasa veinte segundos por agua hirviendo antes de comenzar una maceración en salsa de soja sin gluten. Ahí aparece una de las claves de la cocina de El Alimentario. Gran parte de los platos pasan por procesos de maceración que superan las veinticinco horas . No es una técnica utilizada para transformar el ingrediente, sino para llevarlo justo en la dirección contraria: conseguir que su sabor aparezca con mayor profundidad y limpieza. Llega entonces uno de esos platos que muchos clientes ya identifican con la casa: el canelón de pollo asado . El relleno nace de un pollo horneado sobre una base de puerro, tomate y cebolla. Cuando termina el asado, la carne se mezcla con las verduras, mientras que la piel encuentra un destino inesperado en la bechamel . De ahí ese tono tostado que rompe con la imagen habitual de este clásico. Por encima, un crumble de cebolla frita añade el último contraste antes de cada cucharada. Con el espárrago blanco de Navarra , de inicio, cuesta imaginar cómo terminarán encajando todos sus elementos. El espárrago se cuece y permanece en su propia agua; las gambas se saltean con un ajillo preparado a partir de sus cabezas y el jugo nace de la parte más dura del espárrago, esa que normalmente acabaría descartándose. Ligado con mantequilla y lima , el resultado tiene profundidad sin perder delicadeza, demostrando que muchas veces el sabor también está donde casi nadie mira. Antes del último plato salado llega la presa de cerdo ibérico con piquillos confitados . La carne sorprende por su jugosidad y una textura especialmente tierna, mientras los pimientos aportan un punto dulce que acompaña sin robar protagonismo Los salados terminan con una de las combinaciones más sorprendentes de la carta. La intensidad de la papada de cerdo encuentra un equilibrio inesperado junto a la suavidad de la vieira , apoyadas ambas sobre un puré de coliflor asada . Son ingredientes que, de primeras, parecen avanzar en direcciones distintas. En el plato, sin embargo, terminan encontrándose con una naturalidad que explica por qué es una de las elecciones favoritas de quienes vuelven a la casa. El postre vuelve a llevar la firma personal de Jaime. Una crema de mascarpone sirve de base para una mermelada de tomate con un ligero punto picante y un sorbete de albahaca elaborado en la propia cocina. La galleta sablé aporta textura a un conjunto fresco, preciso y con suficiente personalidad como para cerrar la comida sin recurrir al exceso de dulzor. Tampoco el vino aparece aquí como un simple acompañamiento. La bodega reúne más de 270 referencias , con una selección especialmente cuidada de vinos naturales sin filtrar . La conversación sobre qué beber forma parte del servicio con la misma naturalidad con la que antes llegaban las recomendaciones sobre la carta. Cuando llega el momento echar la vista atrás, el ambiente sigue igual; sin embargo, la percepción ya no es la misma. Después de recorrer la sala, conversar con el equipo y entender la cocina de Jaime , el lema deja de ser una frase escrita para convertirse en una definición exacta de lo que ocurre allí dentro. Porque en El Alimentario la sencillez nunca busca llamar la atención; simplemente acaba demostrando todo lo que es capaz de contener .