En una época en la que la lucha contra los incendios se sirve de satélites, drones o inteligencia artificial, en las montañas del Pirineo, una de las herramientas más eficaces para reducir el riesgo de grandes fuegos lleva siglos funcionando. Pasta despacio, avanza por las laderas y apenas hace ruido. Allí donde pasan los rebaños, disminuye el matorral, se abren claros en la vegetación y el paisaje recupera parte del equilibrio que perdió cuando los pastores comenzaron a desaparecer. Durante generaciones, ovejas, vacas y caballos modelaron estas montañas sin saberlo. Mientras buscaban alimento, mantenían abiertos los pastos, frenaban el avance de los arbustos y reducían la cantidad de combustible vegetal acumulado en el monte. Una tarea cotidiana, heredada de padres a hijos, y donde nadie hablaba de adaptación climática ni de prevención de incendios. Después llegó el abandono rural. Los rebaños disminuyeron, muchos pastos dejaron de utilizarse y el paisaje comenzó a transformarse lentamente. Donde antes había praderas abiertas aparecieron matorrales cada vez más densos. Los límites entre el bosque y los espacios de pastoreo fueron desapareciendo y la vegetación ganó terreno aumentandola cantidad de combustible disponible para alimentar futuros incendios. Hoy, en un contexto marcado por el aumento de las temperaturas, las sequías más frecuentes y los episodios meteorológicos extremos, numerosos investigadores consideran que parte de la respuesta a este problema podría encontrarse en aquello que parecía destinado a desaparecer: el pastoreo extensivo. Así nace Pastorali, un proyecto transfronterizo impulsado por la Universidad Pública de Navarra junto a entidades de España, Francia y Andorra que tiene el objetivo de convertir el pastoreo ambiental en una herramienta estratégica para prevenir incendios, conservar espacios abiertos y mejorar la adaptación al cambio climático. La iniciativa parte de un diagnóstico compartido a ambos lados de la cordillera. Durante décadas, el abandono progresivo de determinadas actividades tradicionales ha favorecido la acumulación de biomasa vegetal y ha incrementado la vulnerabilidad de muchos paisajes de montaña frente a incendios y otros riesgos naturales. Al mismo tiempo, la despoblación y las dificultades económicas han reducido el número de explotaciones ganaderas que mantenían vivo ese equilibrio. Pero para recuperarlo no basta con viejas prácticas, hace falta modernizarlas. Por ello, este proyecto apuesta por combinar tradición y tecnología. Los investigadores analizarán el uso de dispositivos GPS para seguir en tiempo real los movimientos de los animales y probarán sistemas de vallado virtual capaces de delimitar zonas de pastoreo sin necesidad de instalar kilómetros de cercas físicas. Mediante señales digitales y dispositivos colocados en el ganado, será posible dirigir a los animales hacia las áreas donde más se necesite reducir la vegetación. Además, los investigadores intentarán comprender cómo responderán los animales a los nuevos escenarios climáticos. ¿Buscarán zonas más elevadas durante las olas de calor? ¿Cambiarán sus patrones de alimentación? ¿Qué especies resultan más eficaces para controlar determinados tipos de vegetación? Asimismo, proponen una reflexión sobre el papel que desempeñan los ganaderos. Los pastores mantienen paisajes culturales, favorecen la biodiversidad, conservan caminos históricos y ayudan a reducir riesgos naturales. En definitiva, generan beneficios que alcanzan a toda la sociedad que rara vez aparecen reflejados en una cuenta de resultados. Por eso, Pastorali apuesta por explorar mecanismos innovadores de financiación vinculados a los llamados servicios ecosistémicos. Se calcula que sus acciones podrían extender medidas de protección frente a incendios sobre más de 4.700 kilómetros cuadrados de superficie pirenaica y beneficiar de forma directa o indirecta a más de 600.000 personas.