Las últimas excavaciones por las obras del tranvibús revelan restos humanos bajo la iglesia de Santa Catalina

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Las obras del futuro tranvibús desde Santa Justa hasta la plaza del Duque están desvelando progresivamente vestigios de lo que fuera esa Sevilla de hace siglos sepultada tras el paso de las diferentes civilizaciones que pisaron la ciudad. Si hace tan solo dos meses las excavaciones en el entorno de la Plaza de la Encarnación dieron como resultado vestigios de la época islámica a pocos metros de profundidad, ahora los últimos trabajos en el trazado del futuro transporte se han centrado a la altura de la Iglesia de Santa Catalina, en la calle Juan de Mesa, con resultados totalmente novedosos para el equipo de arqueólogos. Según explican a ABC Isabel Cánovas y Lola Carrera Cansino, directora y codirectora de dichas obras arqueológicas de la empresa 'Katastro, arqueología e investigación', se han realizado cinco sondeos a lo largo de estos meses que han permitido profundizar en cinco momentos distintos de la ciudad. «En esta ocasión, y como novedad a lo excavado anteriormente, son restos humanos los que afloraron durante la obra del tranvibús en este tramo». «Se trata de un sondeo arqueológico que se ha llevado a cabo en las últimas semanas de dos metros de largo y uno de ancho paralelo a la zanja de la obra, sin necesidad de interrumpir su buen avance». En apenas 30 centímetros de potencia, tanto Cánovas como Carrera, han llevado a cabo la excavación de los restos de siete individuos e incontables restos óseos sin articulación anatómica. Asimismo, según detalla Cánovas, «el avanzado deterioro de los restos óseos ha imposibilitado determinar un mayor número de individuos». La importancia reside no solo en los hallazgos en sí y en el contexto donde se incluyen, sino en que no hay registros arqueológicos previos en las inmediaciones de la zona. Respecto a la época en la que podrían datarse estos nuevos hallazgos, según especifica Carrera, «se han podido identificar varias fases de enterramientos datadas entre los siglos XVI y XVII, y que responden a distintos momentos de uso de esta zona tradicionalmente relacionada con el cementerio medieval parroquial de la zona». Cabe recordar que Santa Catalina, una de las iglesias más antiguas de Sevilla construida en el siglo XIII, reposa sobre cimientos con vestigios romanos, la antigua Hispalis, que tras su restauración sacó a relucir entre otros, una canalización romana del siglo I, así como una necrópolis visigoda donde ya aparecieron tumbas de adultos y de un niño y hasta un oratorio musulmán con un pequeño mihrab. Esta vez, las expertas arqueólogas determinan que se trata de una «fosa diacrónica donde los cadáveres fueron depositados en la misma en distintos momentos a lo largo del tiempo. Al reutilizar la fosa, los restos más antiguos suelen ser desplazados, amontonados o desarticulados para hacer espacio a los nuevos cuerpos, de ahí que muchos de los restos hayan llegado a nosotros sin articulación. Si bien es cierto, en los restos que sí hemos podido individualizar, se habían conservado características ligadas a la inhumación en tiempos epidémicos». «¿Por qué ocurría esto? Los espacios sagrados de enterramiento eran reutilizados durante siglos . Al terminar los períodos epidémicos, los cementerios parroquiales habituales continuaban usándose, provocando que los entierros individuales posteriores alteraran accidentalmente las fosas comunes de la peste que estaban debajo». Sevilla sufrió varios periodos graves de peste a lo largo de los siglos XVI y XVII, siendo la de 1649 la más destructiva de su historia. Estos nuevos hallazgos se encuentran en fase de estudio y las conclusiones podrán publicarse una vez acabe el trabajo de laboratorio y análisis del material arqueológico. «Como resultado del trabajo de campo, hemos podido datar los niveles a través de la cerámica . Los restos cerámicos están muy fragmentados pero son muy identificativos por corresponder a un conjunto de cerámica realizada en Triana y que imitaba las porcelanas chinas de fondos blancos y dibujos en tonalidades azules». «Esta tipología llega a España en los siglos XVI y XVII por influencia china a los mercados holandeses que a través de Portugal y el comercio con España llegan las fábricas cerámicas de Triana». «Ha sido llamativo el número tan elevado de chinchetas y tornillos que hemos asociados con lo que debieron ser los ataúdes que aparecen entre los restos óseos», detalla. «Han aparecido también tres lascas talladas de sílex , que hemos asociado con actividades agrícolas. Recordemos que en la cabecera de la Iglesia, desde 1570 hasta el siglo XIX se celebrebaba el 'Mercado del ganado y paja' en la desaparecida Plaza de la Paja donde además se ubicaba la cruz que señalaba el Cementerio de la Collación desde épocas medievales. Este formaba parte de un grupo de pequeños camposantos parroquiales situados junto a las iglesias de los barrios de esa época. Antes del siglo XIX, no existían cementerios municipales fuera de las murallas, por lo que la gente era enterrada en estos espacios o en el interior de los templos. Hoy muchas plazas aún conservan cruces de forja o piedra que señalan la ubicación exacta de estos antiguos lugares de descanso. «Esta Plaza de la Paja aparece en una ilustración de David Robers y fotografías de Sevilla hasta 1866 que pasa a llamarse la Plaza de Ponce de León», sitúa Cánovas como dato significativo. Según señala Lola Carrera, «aún es pronto para ofrecer una explicación sobre los restos aparecidos, aunque sabemos que estamos en el contexto funerario asociado a la Iglesia de Santa Catalina, no se tienen registros arqueológicos en las inmediaciones de la iglesia, aunque podemos asociar estos hallazgos con las excavaciones publicadas por el arquitecto técnico Juan Manuel Macias Bernal (2019) sobre los trabajos de restauración de la iglesia y la cripta arqueológica . Se descubrieron una acumulación de restos óseos en dicha cripta que dataron desde el siglo XIV hasta el siglo XVIII y catalogaron con fosas individuales y comunes». El templo estuvo cerrado durante casi tres lustros y se abrió de nuevo al culto en 2018 junto a los restos que aparecieron y que se mantuvieron. A modo de conclusiones, «los niveles más recientes datan del siglo XVII , que podrían estar asociados a los episodios de epidemias que sufrió la ciudad, especialmente a la de 1649, que redujo la población sevillana casi a la mitad. Esto encajaría con las potentes acumulaciones de cal que encontramos sobre los restos óseos y la gran acumulación de restos humanos en este siglo». «Las diferencias entre el estado y la deposición de los huesos sugiere que existieron varios momentos de enterramientos que debieron responder a necesidades diferentes. Correspondiendo a fosas comunes y en otras partes del sondeo podríamos identificar con fosas secundarias».