El mapa para sobrevivir al calor extremo

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Hace apenas unos años, refugiarse del calor significaba buscar la sombra de un árbol, entrar en una biblioteca o permanecer unas horas en un centro comercial con aire acondicionado. Hoy, esa necesidad empieza a formar parte de las políticas públicas. Las olas de calor son cada vez más frecuentes, largas e intensas, y proteger a la población más vulnerable se ha convertido en uno de los grandes retos de la adaptación al cambio climático. Esa es la realidad que quiso subrayar la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, durante la presentación de la Red de Refugios Climáticos: «Nos interpela una realidad incontestable: estamos ante el mayor reto de nuestra era, la emergencia climática. Una emergencia que la ciencia nos confirma que se acelera, con fenómenos extremos cada vez más frecuentes, intensos y duraderos». Con ese objetivo, el Gobierno ha presentado la Red de Refugios Climáticos, una iniciativa que reunirá este verano más de 180 espacios públicos de la Administración General del Estado repartidos por todo el país. Bibliotecas, museos, centros culturales y otros edificios accesibles permanecerán identificados como lugares seguros frente a las altas temperaturas entre el 15 de mayo y el 30 de septiembre, el periodo de mayor riesgo por calor extremo. La red forma parte del futuro Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática y pretende ofrecer una respuesta coordinada ante un fenómeno que ya no se considera excepcional. Las previsiones científicas apuntan a que las temperaturas extremas seguirán aumentando en las próximas décadas y que las ciudades concentrarán buena parte de sus impactos sobre la salud. Los refugios climáticos están concebidos para ofrecer condiciones de confort térmico, accesibilidad y permanencia temporal a cualquier persona que necesite protegerse del calor, especialmente durante los episodios de temperaturas extremas. Se dirigen, sobre todo, a colectivos especialmente vulnerables, como las personas mayores, los niños pequeños, quienes padecen enfermedades crónicas o quienes no disponen de viviendas adecuadamente climatizadas. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha elaborado además una guía con los criterios mínimos que deben cumplir estos espacios, desde aspectos relacionados con la temperatura y la accesibilidad hasta recomendaciones para mejorar su funcionamiento y atención a los usuarios. Durante el acto, Aagesen anunció además la publicación de esta guía, concebida para facilitar que administraciones, empresas y otras organizaciones puedan crear nuevos refugios climáticos e incorporarlos a la red nacional. Una de las principales novedades es la creación de un mapa nacional que permite localizar los refugios disponibles en cada municipio. La herramienta ya reúne más de 1.100 espacios identificados en toda España y continuará ampliándose a medida que nuevas administraciones, entidades públicas o incluso organizaciones privadas adapten sus instalaciones y soliciten incorporarse a la red. El objetivo es que cualquier ciudadano pueda conocer con facilidad cuál es el refugio climático más cercano y qué servicios ofrece. La creación de esta red responde a que las olas de calor son uno de los fenómenos meteorológicos que más víctimas provocan en Europa. Su impacto no suele producirse de forma inmediata ni espectacular como ocurre con una inundación o un incendio forestal, pero las altas temperaturas incrementan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, agravan patologías previas y aumentan la mortalidad entre la población más vulnerable. España conoce bien esa tendencia. Los veranos recientes han estado marcados por episodios de calor extremo cada vez más prolongados, con noches tropicales, récords de temperatura y un incremento de los avisos sanitarios en numerosas comunidades autónomas. La adaptación a este nuevo escenario pasa no solo por reducir las emisiones responsables del cambio climático, sino también por preparar las ciudades para convivir con temperaturas cada vez más elevadas. Los refugios climáticos forman parte de una estrategia más amplia de adaptación urbana. Cada vez más municipios están incrementando las zonas verdes, instalando fuentes, creando espacios de sombra, sustituyendo pavimentos que acumulan calor y mejorando el diseño de edificios públicos para reducir la llamada isla de calor urbana, el fenómeno que hace que las ciudades registren temperaturas significativamente superiores a las de su entorno. En paralelo, arquitectos, urbanistas y administraciones trabajan en nuevas soluciones temporales, como estructuras desmontables o refugios estacionales, capaces de ofrecer protección durante los meses más cálidos. Precisamente, el MITECO ha impulsado un concurso para desarrollar propuestas innovadoras de refugios climáticos urbanos que puedan incorporarse en el futuro a esta red nacional. La Red de Refugios Climáticos constituye una de las primeras iniciativas estatales destinadas específicamente a proteger a la población frente al calor extremo. Su puesta en marcha refleja un cambio de enfoque en las políticas climáticas. Durante años, el debate se centró principalmente en cómo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Hoy, sin abandonar ese objetivo, la adaptación adquiere un protagonismo creciente.