Johannesburgo, 1924. Raymond Dart examina un cráneo en su despacho. Australiano de nacimiento, llegó a Sudáfrica para dirigir un departamento universitario de anatomía. Acaba de recibir una caja de fósiles de la cantera de cal de Taung. Entre fragmentos de roca calcárea y polvo hay una cabecita infantil de casi tres millones de años. Dart limpia el espécimen con las agujas de tejer de su mujer y herramientas de dentista. El cráneo no pertenece a un simio ni a un humano moderno. Es algo intermedio, un eslabón perdido. Lo bautiza como Australopithecus africanus. La cantera de Taung está llena de huesos. Cientos pertenecen a animales: antílopes, babuinos y otros primates. Entre ellos, este cráneo antropomórfico. Para Dart, la interpretación es... Ver Más