El calor estival pegaba fuerte en Triana cuando caía el sol en el primero de sus días 'señalaítos'. Sin embargo, la música procedente de las casetas de la calle Betis y los primeros tapones de gente arremolinada daban buena cuenta de que la Velá acababa de comenzar. En el Altozano, todas las localidases ocupadas aguardaban para escuchar a Jesús Pozuelo, historiador, divulgador cultural y colaborador de ABC en un pregón que dio comienzo a eso de las diez de la noche. El delegado de Triana, Manuel Alés, recordó en su presentación al fallecido Emilio Jiménez Díaz, pregonero de la Velá y estudioso de Triana, «uno de esos hombres que entendieron que amar a un barrio significa dedicarle tiempo sin pedir nada a cambio». También agradeció el incansable trabajo de la comisión organizadora para sacar brillo a la Velá. Alés señaló que el pregonero, criado en el viejo arrabal y formado ampliamente en el ámbito de las Humanidades, la Arquitectura y el Patrimonio Historico, «no habla únicamente desde los libros, habla desde la memoria heredada», definiéndolo como una de las voces más calificadas para dar el pregón. En cuanto este subió al escenario, fue recibido con una sonora ovación y aplausos, como cuandosd refirió nada más comenzar al triunfo español en el Mundial de Fútbol. El origen mítico de Sevilla -y por ende del milenario barrio de Triana- a cargo de Hércules fue el punto de partida del pregón. Recorrió la Híspalis romana y la Isbiliya musulmana. Y llegaron San Fernando y su hijo, Alfonso X el Sabio. Ya cristiana la ciudad, era momento de hablar de la patrona del barrio y el origen a la Velá. «Santa Ana es de las primeras iglesias conocidas dedicadas a la abuela de Dios, si no la primera», explicó, incidiendo en del hecho de velar a la santa el 26 de julio nació la actual fiesta mayor de Sevilla. Pasando de la instalación de la Inquisición en el castillo de San Jorge a la carrera de Indias con Colón, Pozuelo destacó la «relación comercial, económica, cultural, religiosa, social y fraternal con la otra orilla del océano». También recordó que la primera vuelta al mundo partió del barrio y que Magallanes pidió ser enterrado en las Mínimas de Triana, no pudiendo ser así al morir en plena expedición. Sugirió una nueva salida de su Virgen de la Victoria, venerada por el explorador y hoy localizada en Santa Ana, de cara a 2029, un siglo después de la última vez que procesionó. Fue un pregón tan didáctico como inclusivo, ya que se iba traduciendo al lenguaje de signos simultáneamente desde el escenario. Los abanicos se agitaban y la cerveza rodaba en la Torre de Babel en la que se ha convertido Triana, con turistas hablando todos los idiomas posibles pasando de un lado al otro del Altozano. El nuevo espacio habilitado para el pregón y el jaleo del público dificultó escuchar el pregón, que a diferencia del espectáculo de la pasada edición, tenía mucho más de divulgación y reflexión acerca de la riqueza histórica del viejo arrabal. Avanzaba la noche y Pozuelo seguía su particular viaje en el tiempo: de la peste de 1649 a una cronología exacta por el nacimiento y auge de las cofradías trianeras y sus barrocas imágenes, desde la Estrella, la «dolorosa definitiva»; al Cachorro, la «cúspide definitiva de la imaginería»; o el Nazareno de la O. La historia de Triana es tan larga y rica que no cabe en una crónica, pero sí cupo en el pregón de Pozuelo a través de los siglos, con varias emotivas paradas para el flamenco en directo que arrancaron los oles de los asistentes. La prisión de gitanos de Fernando VI o el terremoto de Lisboa coparon las letras de los primeros cantes. En efecto el flamenco, del que Triana tiene tanto que decir, ocupó un lugar destacado en el pregón: «Sí el flamenco tuviera partida oficial de nacimiento, sería la calle Castilla en mayo de 1817». Ya en el último tercio del XIX pasó Pozuelo de lo general a lo concreto deshojando su árbol genealógico a través de su bisabuela Soledad, su abuela Dolores y toda la estirpe que ha extendido con firmeza sus raíces familiares en el barrio hasta nuestros días. Lo hizo a través de partidas de nacimiento, imágenes antiguas y entrañables anécdotas que iban de lo cotidiano a lo costumbrista. El pregón fue llegando a su ocaso de nuevo con el flamenco como protagonista y las palmas a compás de los asistentes hasta culminar en la historia personal del propio Pozuelo, ligada de forma indivisible a Triana y a muchos trianeros que ya no están: «Todos ellos están aquí hoy con nosotros, se lo aseguro». Eso es Triana, los que están y los que se fueron pero permanecen.