Jerez se rearma para luchar contra el cambio climático: refugios, calles permeables y rutas turísticas emparradas

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Jerez ha puesto cifras a su hoja de ruta frente al cambio climático. Como si de un aumento del gasto armantístico se tratara, pero para luchar contra el cambio climático, el gobierno local se ha tomado muy en serio esta batalla decisiva para conservar la calidad de vida de los más de 215.000 habitantes del municipio. El nuevo Plan de Acción para el Clima y la Energía Sostenible, que integra también el Plan Municipal contra el Cambio Climático, estima una inversión global de 108.886.367 euros hasta 2030 y reúne actuaciones sobre transporte, viviendas, edificios públicos, residuos, agricultura, zonas verdes y pobreza energética. Encomendado a la consultora Centema, Centro Tecnológico y del Medio Ambiente, el documento (con 135 páginas) se encuentra en exposición pública antes de su aprobación en el pleno y hará que Jerez se encuadre dentro del 25% de ayuntamientos españolas que ya cuentan con planes específicos en vigor para luchar contra el cambio climático. Las previsiones son ambiciosas. Para 2030, el documento calcula que la aplicación de las medidas permitiría reducir el consumo energético en 1.398.219,17 MWh, evitar la emisión de 763.204,66 toneladas de CO₂ equivalente y elevar en 761.862,74 MWh la aportación de fuentes renovables. Eso supondría, según la tabla de conclusiones, una reducción de emisiones del 62%, un ahorro energético del 46,8% y un 42,2% de renovables en el consumo final.Pero el punto de partida contiene una admisión especialmente relevante. El propio plan recuerda que Jerez se adhirió al Pacto de los Alcaldes en 2009 y reconoce que después “no se llegó a elaborar ni aprobar formalmente” el plan de energía sostenible comprometido, ni se presentaron informes de seguimiento, incumpliendo las obligaciones asumidas. La ciudad renovó su compromiso en 2015, pero la falta de avances persistió. Tampoco adoptó en los años posteriores el plan municipal exigido por la legislación andaluza de 2018.El documento actual pretende cerrar ese largo vacío de planificación. Su horizonte inmediato es 2030, aunque la meta final se sitúa en la neutralidad climática en 2050, combinando reducción de emisiones, adaptación a episodios extremos y protección de los hogares con mayores dificultades para pagar o mantener unas condiciones térmicas adecuadas.La cifra de 108,9 millones, no obstante, debe interpretarse como una estimación agregada, no como una partida municipal íntegramente nueva y ya disponible. El plan suma proyectos comenzados en años anteriores —algunos se remontan a 2005, 2010, 2020 o 2022— y prevé combinar fondos propios con financiación europea, estatal y autonómica. La ejecución dependerá, en numerosos casos, de ayudas y convocatorias externas.Con este paso, dice Jaime Espinar, "Jerez se sitúa entre las ciudades que planifican su futuro con responsabilidad y visión de largo plazo"Sea como fuere, para el teniente de alcaldesa delegado de Sostenibilidad y Servicios Públicos, Jaime Espinar, el documento "es un hito". "Demuestra nuestro compromiso con un modelo de ciudad más verde, sostenible y preparada para afrontar los desafíos del futuro. Es una hoja de ruta que recoge medidas concretas para avanzar en la eficiencia energética, impulsar el rearbolado, las infraestructuras, la movilidad sostenible, reforzar la educación ambiental y adaptar nuestros servicios públicos", avanza en declaraciones a lavozdelsur.es.Este plan no es un documento para guardar en un cajón, según Espinar, "sino una herramienta de gestión que tendrá un impacto directo en la calidad de vida de los jerezanos. Cada actuación encaminada a reducir el consumo energético, aumentar las zonas verdes o hacer más resistentes nuestras infraestructuras contribuye a una ciudad más saludable, más confortable y con unos servicios públicos más modernos, eficientes y preparados para responder a las necesidades de los ciudadanos".Con este paso, ha mantenido, "Jerez se sitúa entre las ciudades que planifican su futuro con responsabilidad y visión de largo plazo". "Seguiremos impulsando políticas ambientales que protejan nuestro entorno y que, al mismo tiempo, generen beneficios reales para la ciudadanía, porque cuidar el medio ambiente es también mejorar el bienestar de las personas y construir una ciudad mejor para las próximas generaciones", ha incidido.Jaime Espinar posa ante uno de los nuevos autobuses, en plaza Esteve en Jerez, en una imagen reciente.-JUAN CARLOS TOROLas Calandrias, el alumbrado y las viviendas concentran el dineroEl bloque de mitigación suma 64.996.367 euros, mientras que las medidas clasificadas como adaptación alcanzan los 42.915.000 euros. A las políticas específicas frente a la pobreza energética se reservan 975.000 euros. Sin embargo, buena parte del capítulo de adaptación corresponde a una sola intervención que ya está en marcha.Se trata de la modernización de la planta de Las Calandrias, presupuestada en 40,8 millones de euros y que se encuentra muy avanzada. El proyecto, adjudicado a FCC Medio Ambiente, prestará servicio a más de 450.000 habitantes de la comarca mediante un contrato de 20 años. Incluye una nueva línea para procesar más de 60.000 toneladas anuales de materia orgánica, instalaciones de compostaje, tratamiento de lixiviados, placas fotovoltaicas y sistemas automatizados de control. La capacidad global prevista se aproxima a las 260.000 toneladas de residuos al año.El segundo gran bloque económico corresponde a los edificios e instalaciones municipales, con 26,1 millones. Dentro de esa cantidad destacan 15 millones para renovar y modernizar el alumbrado público y 9,4 millones para mejorar la eficiencia energética de inmuebles municipales. Otros 724.067 euros se destinan a energía renovable en dependencias públicas.La intervención en edificios residenciales está valorada en 15,15 millones de euros. La mayor parte, 15 millones, se asigna a la reducción del consumo energético en viviendas. También se contempla una oficina de asesoramiento energético y una planificación urbana verde y eficiente para el parque residencial. La producción y el consumo local de energías renovables dispondrían de otros cinco millones.Un camión de basura, saliendo de la planta de Las Calandrias.-MANU GARCÍAEl transporte movilizaría 17,2 millones de euros: seis millones para transporte público, cinco millones para renovar las flotas de servicios municipales, cuatro millones para movilidad peatonal y ciclista, 1,5 millones para fomentar vehículos menos contaminantes y 700.000 euros para mejorar las conexiones sostenibles con las pedanías y núcleos rurales.El plan mantiene además la implantación progresiva del Planes de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS) y de la Zona de Bajas Emisiones, aunque esta actuación aparece sin presupuesto específico en el cuadro final. La ZBE abarca inicialmente el recinto intramuros, calle Larga, plaza Esteve, calle Honda y otros entornos patrimoniales, comerciales y peatonales. Las restricciones a los vehículos más contaminantes se ampliarían por fases y en función de las etiquetas ambientales.El diagnóstico explica por qué la movilidad ocupa un lugar central. Con los datos de 2005 utilizados como referencia, Jerez emitía 1.238.002,96 toneladas de CO₂ equivalente, unas 6,25 toneladas por habitante. El transporte generaba el 34,44% de las emisiones, por delante de la industria no sujeta al comercio de emisiones, con un 21,24%; los edificios residenciales, con un 16,18%; y la agricultura, con un 15,23%. Los productos petrolíferos representaban más del 71% del consumo energético municipal y solo el gasóleo se acercaba al 40%.Refugios climáticos, calles drenantes y rutas turísticas con sombraEl análisis de riesgos señala el calor extremo como la amenaza climática con mayor alcance para Jerez, seguido de la sequía y la escasez de agua. El estudio también contempla tormentas fuertes, inundaciones repentinas y crecidas de ríos y ramblas. Entre las personas más expuestas sitúa a mayores, niños, hogares con bajos ingresos y quienes viven en viviendas precarias o carecen de hogar.Para responder a las olas de calor, el Ayuntamiento plantea una red de resiliencia climática urbana y sanitaria dotada con 455.000 euros. Centros sociales, bibliotecas y centros de mayores podrían convertirse en refugios con climatización básica, agua potable, ventilación, señalización y personal de apoyo. El proyecto incorpora también un sistema digital que combinaría información sanitaria y meteorológica para activar alertas y realizar un seguimiento preventivo de personas aisladas o con enfermedades crónicas.A esa red se suma otra medida de 185.000 euros dirigida específicamente a espacios públicos seguros frente al calor y al frío. Entre los lugares citados aparece la Sala Paúl, junto a bibliotecas, universidad, centros cívicos, asociaciones vecinales y centros sociales. En los barrios vulnerables se prevén pérgolas, toldos temporales, fuentes, bancos sombreados y vegetación autóctona.La adaptación a las lluvias intensas dispone de 730.000 euros. El plan propone actuar en calles críticas mediante pavimentos permeables, jardines de lluvia, vegetación en cunetas, alcorques conectados y depósitos subterráneos de retención. También plantea revisar el planeamiento y las ordenanzas para introducir cubiertas verdes o reflectantes, superficies permeables y sistemas de canalización que reduzcan las filtraciones y acumulaciones de agua.Frente a las sequías se reservan 190.000 euros. Además de continuar campañas como Vaso a vaso nos quedamos sin agua, se identificarían barrios con consumo elevado para organizar talleres, acciones con asociaciones vecinales y reparto de dispositivos domésticos de ahorro. En el ámbito rural se propone promover el compostaje, los fertilizantes naturales y la bioenergía entre cooperativas y pequeñas explotaciones.Vista aérea del Parque Santa Teresa en Jerez.-JUAN CARLOS TOROLas grandes fiestas también entran en la planificación. Con 300.000 euros, el Ayuntamiento quiere calcular y compensar la huella de carbono de acontecimientos como la Feria del Caballo y la Semana Santa, extender la iluminación LED, promover el transporte colectivo y reforzar la recogida selectiva para evitar que los residuos obstruyan desagües durante episodios de lluvia.El turismo y el comercio contarían con una partida de 75.000 euros para crear itinerarios con sombra, puntos de agua y zonas de descanso. También se incluye el Proyecto Emparrado en el centro histórico, mediante la plantación de vides sobre calles. El documento atribuye a estos emparrados una posible reducción de la temperatura urbana de entre cuatro y doce grados.La pobreza energética dispone de varias líneas. Habrá un punto móvil de asesoramiento en mercados, centros cívicos y barrios vulnerables, además de una unidad que recorrerá pedanías y diseminados para explicar facturas y tramitar ayudas. Se prevén actuaciones de rehabilitación en Icovesa y Santo Tomás de Aquino Norte, refugios climáticos, instalaciones fotovoltaicas compartidas en bloques sociales y el protocolo Proyecto Confía para prevenir cortes de electricidad y gas.El documento, sin embargo, contiene desajustes que deberán aclararse. Las conclusiones hablan de 49 medidas —33 de mitigación, diez de adaptación y seis de pobreza energética—, pero al contar los listados y tablas finales aparecen 23 de mitigación, diez de adaptación y cinco de pobreza energética: 38 en total.Existe otra diferencia en el objetivo de emisiones. El capítulo de metas fija una reducción del 50% para 2030, mientras que la tabla de conclusiones habla de un compromiso del 55%. En los dos apartados se utiliza, pese a los porcentajes distintos, la misma cantidad: 680.901,63 toneladas de CO₂ equivalente.Más allá de esas inconsistencias, el plan dibuja una transformación profunda del municipio. Su alcance real dependerá ahora de la financiación conseguida, del ritmo de ejecución de cada proyecto y de unos controles que deberán concretarse en informes periódicos. Tras años sin completar la planificación climática prometida, el principal desafío será convertir los objetivos, presupuestos y fichas técnicas en actuaciones visibles antes de 2030.