Os contaré el pecado, pero no el pecador, vaya a ser que me retire la palabra por unas cuantas líneas y no está el jardín para perder flores. Vamos al lío: en mi entorno más cercano hay una persona que cada vez que llegan las elecciones generales siempre repite el mismo gesto, que de tanto hacerlo se ha convertido en una suerte de reivindicación silenciosa en contra de lo que considera la mayor inutilidad a efectos prácticos de las estructuras del estado español: el Senado. A su juicio, y no es el único, la Cámara Alta es un gasto superfluo, carente de sentido. Su forma de manifestar su posición contraria es votar a las opciones más disparatas y, por supuesto,... Ver Más