Casi 4.000 autos de alta gama, entre ellos modelos eléctricos con baterías de litio, descansan desde hace más de cuatro años en uno de los tramos de océano con mayor biodiversidad del Atlántico Norte. El accidente que los llevó ahí sigue siendo, según los ecólogos marinos, un experimento involuntario cuyos resultados recién empiezan a conocerse