En 'First Dates' las primeras impresiones suelen ser determinantes, aunque algunos solteros se muestran más inescrutables que otros sobre lo que opinan de su cita. A Julio (45) le bastaron cinco palabras acompañadas de aspavientos para sentenciar la velada antes de comenzarla. El mayorista de Valencia se decidió a participar en el 'dating show' después de dos años solo. Asegura tener «un imán para las locas» y tras sufrir varias infidelidades, se ha vuelto una persona desconfiada con el sexo opuesto. Ahora se ha abierto de nuevo al amor. «Chicas, he resucitado», comentaba entre risas ante el equipo del programa, donde acudió en busca de una mujer «con valores». Justo después entraba en escena Laura (47), camarera de Alicante. Y las expectativas de Julio de conocer a su media naranja se desinflaban. «¡Ay, Dios! La madre que os parió…», le reprochaba a Matías Roure, con tono de espanto. Físicamente, explicó en los totales, no era su tipo. Todo lo contrario a la soltera, a quien su cita le pareció un tío interesante en el primer vistazo. La misma dinámica se repitió durante la cena. Ambos parecieron vivir dos citas paralelas. Julio buscó cualquier detalle para confirmar que Laura no encajaba con la idea de mujer que tenía en mente. Hubiera preferido que no tuviese hijos, alegando que «viajo y no me gusta tener esas cargas». También puso pegas al hecho de que llevara 13 años divorciada. A su modo de ver, «es muy difícil tener una relación con alguien que lleva tanto tiempo sola». A la alicantina le sucedió justo lo contrario. Cada minuto en compañía de su cita reforzó la buena impresión inicial que se había llevado. Aparte de buena persona, creyó que era lo suficientemente interesante como para seguir conociéndole y así se lo confirmó al propio Julio en plena cena. El soltero, sin embargo, no fue del todo claro con ella. «No es mi rollo. Me va más de barrio, más chuleta… Y me gustan las mujeres femeninas», confesaba ante las cámaras.