El Neil Gehrels Swift Observatory lleva 22 años cazando las explosiones más violentas del universo. Ahora es él quien necesita un rescate: sin motor propio y con la órbita decayendo cada vez más rápido, terminaría destruido en la atmósfera antes de que acabe el año. La solución que probó la NASA nunca se había intentado antes con un satélite de este tipo