Fallece fray Antonio Ruiz de Castroviejo, referente del convento de Capuchinos en Jerez durante décadas

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El religioso capuchino fray Antonio Ruiz de Castroviejo, vinculado al convento jerezano de Capuchinos desde finales de los años 80, ha fallecido en Granada, donde residía al cuidado de la orden capuchina tras varios años padeciendo un delicado estado de salud. El fraile dejó una profunda impronta en la vida religiosa de la ciudad hasta su marcha de Jerez en 2021. Desde entonces, y debido a su maltrecha salud, fue atendido por la orden capuchina hasta su último día de vida.Nacido en el sevillano barrio de San Bernardo, en el seno de una familia muy religiosa, ingresó joven en el noviciado de Antequera. Pasó por comunidades capuchinas de Granada, Sanlúcar de Barrameda y Canarias antes de asentarse de forma definitiva en el Convento de Capuchinos de Jerez en agosto de 1988. También ostentó el cargo de Definidor Provincial.Desde entonces, y durante distintas etapas como guardián del convento jerezano, contribuyó a reforzar el papel de Capuchinos como uno de los centros religiosos con mayor presencia en la ciudad. Bajo su responsabilidad, el convento amplió su actividad litúrgica, acogió encuentros de formación, convivencias, campañas solidarias y puso sus instalaciones al servicio de numerosos grupos e instituciones como Manos Unidas, reforzando el compromiso social de la comunidad capuchina.Muy ligado a las hermandadesSu etapa al frente del convento coincidió además con un estrechamiento de los vínculos entre los Capuchinos y las hermandades. De un lado, la Hermandad de la Defensión encontró en Fray Antonio y la comunidad capuchina un apoyo constante y una estrecha colaboración que se prolongó durante décadas. Buena parte de la impronta de la cofradía en la calle se debe a su persona y el ajuar de María Santísima de la O cuenta igualmente con varios regalos suyos y de su familia. En agradecimiento, la hermandad le tributó un homenaje en 2011, con la presencia sorpresa de familiares del fraile.También desempeñó un papel relevante en los inicios de la Hermandad de la Sagrada Mortaja. La comunidad de Capuchinos acogió a la corporación cuando buscaba una sede canónica y fray Antonio respaldó desde el primer momento su implantación en el convento. Asimismo, impulsó la restauración de la imagen de Nuestra Señora Reina de los Ángeles, la cedió a la hermandad y llegó a formar parte de su junta de gobierno como mayordomo, reflejo de la estrecha relación que mantuvo con la corporación.Otra hermandad jerezana que debe mucho a Fray Antonio es la de la Paz de Fátima que, en 2008, dos años después de erigirse canónicamente, se puso en contacto con él para solicitarle la cesión de una imagen de una Virgen que no recibía culto ni estaba bendecida, si bien se encontraba en el oratorio particular del fraile. Fray Antonio accedió a la petición de la hermandad poniendo como condición que la imagen adoptara el título de Refugio de los pecadores, en recuerdo a su madre, que era muy devota de la Virgen del Refugio de la hermandad hispalense de San Bernardo. En este sentido, el religioso también tuvo un papel destacado en el hermanamiento de ambas corporaciones.Durante sus años en Sevilla también tuvo mucho vínculo con la Divina Pastora de Cantillana. Promovió el traslado de los restos de fray Claudio de Trigueros al santuario pastoreño y tramitó el título de franciscana para esta corporación, además de formalizar la donación de valiosas reliquias, entre ellas una del beato Diego José de Cádiz y otra del Lignum Crucis.Gran belenista y amante del patrimonio artísticoPero si por algo fue siempre recordado fray Antonio en Jerez fue por su gran creatividad, especialmente en lo relativo a la decoración floral del convento. También destacó por su talento como belenista, hasta el punto que Capuchinos se convertía cada Navidad en un lugar de peregrinaje imprescindible para disfrutar de sus nacimientos y montajes, especialmente el Belén a tamaño natural en el patio del convento y que incluía animales vivos, que hacían las delicias de los más pequeños.De otro lado, puso especial atención en lo patrimonial. Bajo su coordinación, el convento se enriqueció con obras de arte, piezas de imaginería y elementos de orfebrería y ornamentación que contribuyeron a realzar el templo y las principales festividades del calendario litúrgico.En 2021, ya con un delicado estado de salud, abandonó el convento jerezano, poniendo fin a una etapa de más de tres décadas de servicio en la ciudad. Su marcha, a Madrid para someterse a revisiones médicas y recibir cuidados especializados, fue recibida con numerosas muestras de cariño por parte de fieles, hermandades y personas vinculadas al convento.Con el fallecimiento de fray Antonio Ruiz de Castroviejo desaparece una de las figuras más representativas de la historia reciente de los Capuchinos, no solo en Jerez, sino en toda la orden en EspañaSu labor al frente de la comunidad, su compromiso con diferentes colectivos y su estrecha colaboración con las hermandades y entidades de la ciudad forman parte del legado que deja tras décadas de servicio religioso.