Durante 20 años creímos que el «hobbit» de Flores cazaba elefantes y dominaba el fuego. Miles de huesos revelan una estrategia menos heroica, pero quizá mucho más inteligente: esperar a que los dragones de Komodo terminaran de comer

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El análisis tafonómico de Liang Bua ha permitido distinguir las marcas dejadas por dientes de dragón, herramientas de piedra y el fuego. El resultado sugiere que Homo floresiensis no abatía grandes presas: sobrevivía aprovechando los restos que abandonaban los reptiles más peligrosos de la isla.