Con la llegada del verano, muchos alimentos cambian de sitio en la cocina . Las altas temperaturas hacen que frutas y verduras duren menos tiempo sobre la encimera y la reacción más habitual es guardarlas en el frigorífico cuanto antes. Sin embargo, cuando se trata de los tomates, esa decisión no siempre es la mejor. De hecho, uno de los errores más comunes es meter los tomates en la nevera nada más comprarlos , especialmente cuando todavía están maduros o terminando de madurar. Aunque el frío ayuda a retrasar el deterioro, también puede afectar a algunas de las cualidades que hacen del tomate uno de los productos estrella de la temporada. El tomate es especialmente sensible a las bajas temperaturas. Cuando se conserva durante varios días por debajo de los 10°C, algunos de los compuestos responsables de su aroma y sabor empiezan a deteriorarse . El resultado es un tomate que sigue teniendo buen aspecto, pero que sabe menos. Además, la pulpa puede volverse más harinosa y perder parte de esa textura jugosa que se busca en ensaladas y preparaciones frescas. Por eso, muchos cocineros recomiendan no refrigerar los tomates mientras todavía estén en buen estado y vayan a consumirse en pocos días. Lo ideal es conservarlos a temperatura ambiente, en un lugar fresco, seco y protegido de la luz solar directa . También es recomendable colocarlos con la parte del tallo hacia abajo. Este pequeño gesto ayuda a reducir la pérdida de humedad y dificulta la entrada de aire por la zona más sensible del fruto. Si los tomates están todavía algo verdes, mantenerlos fuera de la nevera permite que continúen madurando de forma natural y desarrollen mejor su sabor. Eso no significa que el frigorífico esté prohibido. Cuando los tomates han alcanzado un punto de maduración muy avanzado y no se van a consumir de inmediato, la nevera puede ayudar a retrasar su deterioro y evitar que se estropeen. En ese caso, hay un truco importante: sacarlos del frigorífico entre media hora y una hora antes de consumirlos. De esta forma recuperan parte de sus aromas y el sabor resulta mucho más intenso que si se sirven directamente fríos. Además, así podrás elaborar deliciosos platos sin perder nada de su sabor , como esta ensalada de tomate, pimiento y queso feta . El tomate es uno de esos alimentos en los que la conservación influye casi tanto como la calidad del producto. Un buen tomate de verano puede perder gran parte de su personalidad si pasa demasiado tiempo en el frigorífico . Por eso, si está maduro y se va a consumir en pocos días, lo mejor es dejarlo fuera de la nevera. Y reservar el frío únicamente para cuando sea necesario alargar su vida útil. A veces, el secreto para disfrutar de un mejor tomate no está en cómo se cocina, sino en dónde se guarda . Y para que sepas cómo guardar los alimentos en tu nevera, toma nota de los consejos que te damos para ordenar el frigorífico .