Los físicos ya consiguieron teletransportar información cuántica entre la Tierra y el espacio sin mover materia de un lugar a otro. La gran confusión está en creer que ese avance nos acerca a desintegrar un cuerpo y reconstruirlo a miles de kilómetros

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Lo que viaja no es un átomo, un objeto o una persona, sino el estado extremadamente frágil que describe a una partícula. Repetir el proceso con los aproximadamente 7 × 10²⁷ átomos de un ser humano requeriría una capacidad de medición, almacenamiento y reconstrucción que está muy lejos de cualquier tecnología conocida.