La romería de Alpe d’Huez se hace en bici: miles y miles de peregrinos vestidos de ciclista como si se encontrasen en un mismo camino hacia Santiago; todos sentados en el sillín cuando burlan la vigilancia del gendarme, el que los hace subir a pie. Se giran, ven que el agente no los mira y se vuelven a montar, a pedalear lentamente buscando la ruta de la cima entre coches acreditados que ascienden a la estación de esquí y unos cuantos inconscientes que bajan -y nunca mejor dicho- a tumba abierta.Seguir leyendo....