Cuando el pasado 14 de noviembre, Marc Márquez subió al camión blanco, inmaculado, inmenso, discreto, donde suelen estar (cuando van, pues no van siempre) los jefes supremos de Honda Racing Corporation, todos japoneses, claro, en el paddock’ de MotoGP, ya sabía lo que iba a escuchar y, por descontado, lo que iba a explicarles.Seguir leyendo....