Indignación en Zaragoza por el nuevo centro de datos de Microsoft: "o aceptábamos o nos expropiaban"

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La expansión de la infraestructura en la nube y el despliegue de la inteligencia artificial tienen un coste físico que rara vez vemos en las impecables presentaciones de producto. Microsoft ha decidido invertir nada menos que 2.900 millones de euros en Aragón para construir su nueva red de centros de datos, una noticia celebrada por las autoridades locales como un triunfo histórico. Sin embargo, el aterrizaje de este gigante tecnológico está dejando una profunda cicatriz en el tejido local, demostrando que la revolución digital también necesita devorar metros cuadrados de tierra real para existir.Ana Garza, vecina de la localidad de Calaceite y propietaria de casi una hectárea y media de terreno en la zona de Puerto Venecia, es una de las afectadas por esta expansión. Su pesadilla comenzó hace dos años con una llamada desde una inmobiliaria de Londres. Los intermediarios le hicieron una oferta económica a la baja por sus tierras que la familia decidió rechazar, entendiendo que esa zona es el área natural de expansión de Zaragoza y su valor futuro sería mucho mayor. La respuesta que recibieron desde el otro lado de la línea fue una advertencia un tanto amenazante: o aceptaban el trato o acabarían siendo expropiados. Hoy, esa amenaza se ha materializado."Vallaron el terreno cuando todavía era de nuestra propiedad"El mecanismo que ha permitido a una empresa privada arrebatar las tierras a sus dueños legítimos es la declaración del proyecto como una inversión de interés autonómico por parte del Gobierno de Aragón. Esta etiqueta administrativa es la llave que otorga a los terrenos la categoría de utilidad pública, habilitando la ejecución de expropiaciones forzosas.La frustración de las familias afectadas es absoluta, ya que asumen la pérdida de su propiedad si el objetivo fuera construir una carretera o un hospital para el bien común, pero consideran un atropello inaceptable perder su patrimonio para engordar la cuenta de resultados de una de las empresas más ricas del planeta bajo un proyecto que consideran puramente especulativo.La herida escuece todavía más cuando se analizan las cifras del proceso. El justiprecio fijado para las 16,5 hectáreas expropiadas en esta zona oscila entre los dos y los cinco euros por metro cuadrado, dependiendo de las características del cultivo. El contraste resulta insultante si dirigimos la mirada al cercano municipio de La Muela, donde el ayuntamiento negoció la venta directa a la misma multinacional por 57 euros el metro cuadrado para la ampliación del polígono Centrovía.Ante este escenario, los propietarios se han negado a cobrar una cantidad que consideran irrisoria y han judicializado la causa. Como respuesta, Microsoft ha consignado el dinero en la Caja de Depósitos del Gobierno de Aragón y ha comenzado las primeras labores sobre el terreno. Los vecinos denuncian que las excavadoras de la multinacional llegaron a vallar las parcelas cuando el suelo todavía les pertenecía legalmente y sin haber recibido un solo euro en sus cuentas bancarias.Lo más irónico de toda esta situación es que las tierras de Ana Garza ni siquiera formaban parte del plan original de la compañía. La idea inicial de Microsoft era establecer sus tres centros de datos en La Muela, Villamayor de Gállego y el Parque Tecnológico de Reciclado López Soriano, llegando a comprar 57 hectáreas al Gobierno de Aragón en este último emplazamiento. Sin embargo, la firma estadounidense descartó finalmente esa ubicación por la mala calidad del aire en la zona, redirigiendo su mirada hacia la parte trasera de Puerto Venecia y desencadenando este conflicto vecinal.Este caso destapa la cara oculta de la carrera por liderar la inteligencia artificial. Las administraciones regionales se pelean por atraer inversiones multimillonarias, cediendo a las multinacionales unas herramientas de expropiación que aplastan al ciudadano de a pie. La nube de Microsoft, esa entidad etérea que promete democratizar la tecnología para todos, se está construyendo sobre el asfalto de familias que no tienen los recursos para enfrentarse a un gigante de este calibre.