Una persona no se para a pensar en el tiempo que pasa sentado a lo largo del día. Pero son muchas más horas de las que podamos imaginar. Incluso aunque tengamos ciertos hábitos deportivos, buena parte de los trabajos requieren estar cerca de 8 horas al día pegados a una silla. A veces incluso salimos de trabajar y nos vamos a un bar a tomar algo. Y volvemos a pasar una buena cantidad de horas sentados. Por si fuera poco, hay que sumar los ratos que pasamos desayunando, comiendo o cenando, que suman más horas sentados al día. Y para más inri, muchos de los desplazamientos que se realizan a casa, al trabajo o cualquier lugar, también se hacen en esta posición, ya sea en el coche o en el transporte público. Casi todo el día sentados. Y esto tiene consecuencias muy adversas para nuestro organismo. Desde hace unos años, la Organización Mundial de la Salud advierte a la población global de conductas como la inactividad física y el sedentarismo, las cuales aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer. Hay quienes piensan que al pasar muchas horas sentados en su puesto de trabajo no tienen oportunidad de esquivar estos riesgos. Sin embargo, la universidad de Otago, en Nueva Zelanda, ha publicado un estudio en la revista especializada 'Obesity Reviews' en el que analiza el impacto que tiene romper con pequeñas interrupciones estos largos periodos sentados y sin actividad. El trabajo realizado consistió en la revisión de 53 estudios. Además, 39 de ellos se incluyeron en el metaanálisis. Todos analizaban ensayos controlados en laboratorio en adultos donde se comparaban sesiones de sedentarismo prolongado con otras en las que ese tiempo se interrumpía con pausas breves de cierta actividad. Tras el análisis, se pudo extraer una conclusión clara. Hacer pausas regulares reducía la respuesta de glucosa e insulina después de la comida. Esto quiere decir que el cuerpo gestiona mejor el azúcar en sangre y que, por lo tanto, necesita menos respuesta insulínica en comparación con el sedentarismo continuo. Jen Gale, investigadora presente en el trabajo, analizaba así lo ocurrido: «Los largos periodos sentado sin interrupción se relacionan con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes y algunos cánceres». Tras este estudio general quedó claro que hay que hacer paradas cada cierto tiempo. Pero, ¿cada cuánto? Los datos evidenciaron que las pausas cada 15 o 20 minutos permitían reducciones mayores de glucosa e insulina. En un siguiente escalón están las pausas cada 30 minutos, las cuales también se asociaron con mejoras. Sin embargo, los intervalos ya de 45 a 60 minutos evidenciaron ser bastante menos eficaces. Estas cifras chocan con la rutina de muchos trabajadores, quienes consideran que ya parar cada hora es demasiado. La investigadora Meredith Peddie, coautora del citado estudio, asumía que mucha gente preferiría pausas cada 45 o 60 minutos. Sin embargo, esto no sería lo óptimo a juzgar por los resultados, ya que esperar tanto puede reducir el beneficio metabólico. Ahora que se sabe cada cuánto hay que levantarse para darse una vuelta, falta por cuantificar la duración de la parada. Y lo ideal es que estas duren entre dos y tres minutos. Lo justo para levantarse y estirar las piernas. Además, siempre es mejor caminar que simplemente levantarse y quedarse parado en un sitio, ya que estar de pie no siempre es suficiente estímulo para generar un mayor impacto sobre la glucosa y la insulina. La explicación más lógica para este fenómeno es que al caminar, las piernas se contraen y hacen que los músculos busquen glucosa en la sangre, tanto por vías dependientes de la insulina como por mecanismos activados por la contracción muscular. Las personas más beneficiadas cumpliendo con estas conductas serían los pacientes de diabetes e individuos con obesidad o mayor riesgo metabólico. Estos pequeños trucos no se pueden considerar grandes remedios a largo plazo para reducir enfermedades como el infarto o el cáncer, sino que simplemente constatan que el cuerpo responde mejor a las comidas cuando no pasa horas inmóvil. Y la reducción de los riesgos es una deducción lógica. Los autores del estudio aconsejan buscar momentos naturales para poder hacer estas pausas. Y explican que la conclusión de su estudio es que no basta con concentrar todo el deporte que hacemos en el día en un momento concreto si después pasamos horas sin movernos y sin hacer estos pequeños descansos activos.