Durante el periodo Clásico maya, entre los años 250 y 900 de nuestra era, las matemáticas y la astronomía no eran solo disciplinas científicas, sino el corazón mismo de la sociedad. Los complejos cálculos basados en fechas y observaciones celestes guiaban prácticamente todos los aspectos de la vida, desde el levantamiento de monumentos hasta la entronización de reyes y reinas.A pesar de la sofisticación de estos conocimientos, la identidad de los eruditos que había detrás ha permanecido en el anonimato. A diferencia de los pintores de vasijas o los escultores, quienes solían firmar sus obras, los matemáticos astrónomos nunca habían dejado rastro de sus nombres, hasta que una investigación reciente publicada en la revista Antiquity cambió este paradigma al reconstruir la fórmula matemática hallada en el yacimiento de Xultún, Guatemala.El descubrimiento de más de cincuenta pequeños textos matemáticos y astronómicos grabados en la pared de un pequeño edificio en Xultún ofreció una oportunidad única para asomarse al trabajo de la ciencia maya. Estas inscripciones funcionan de manera similar a los borradores o bocetos previos a una gran obra de arte, permitiendo observar el proceso de pensamiento de sus creadores. Descifrando el borrador de la pared y la firma de su autor Firma del matemático Sak Tahn WaaxPara poder interpretar estos trazos de la pared, un equipo de investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts y otras instituciones utilizó fotografías, dibujos a escala y escaneos digitales que permitieron realzar las imágenes. Gracias a este proceso, lograron descifrar once jeroglíficos. Para sorpresa de los arqueólogos, el texto no solo contenía una fórmula matemática, sino también glifos que atribuían explícitamente la autoría del trabajo a un individuo llamado Sak Tahn Waax, que se traduce como "Zorro de Pecho Blanco". Este descubrimiento se convierte así en el único caso conocido en el que una obra matemática maya de la antigüedad lleva la firma de su autor.La fórmula creada por Sak Tahn Waax en el siglo VIII resulta brillante por su creatividad. Aunque emplea unidades astronómicas y del calendario maya que ya eran conocidas, las relaciones que establece entre ellas son completamente inéditas. La matemática del texto refleja una comprensión singular sobre los patrones que conectan el recuento ritual de 260 días, el año solar y los ciclos de planetas como Venus o Marte, registrando el movimiento de los cuerpos celestes de una manera totalmente nueva para la época. Imagen multiespectral de la firmaEste descubrimiento conecta a la humanidad moderna con el pensamiento individual de un sabio maya, situando su figura a la altura de los grandes pensadores del mundo antiguo. Mientras que en las civilizaciones de India, Irak, China o Grecia los avances astronómicos y la predicción de eclipses solían atribuirse a mentes con nombre y apellidos, la ciencia indígena americana carecía de esos nombres históricos. La recuperación de la figura de Sak Tahn Waax no solo le otorga un lugar en la historia de la ciencia, sino que reivindica la rica y profunda tradición astronómica de los pueblos originarios de las Américas.