Gregorio (70) considera requisito indispensable que su potencial pareja sienta la misma pasión por el flamenco que él. De hecho, esa diferencia fue uno de los motivos por los que fracasó su anterior cita de 'First Dates'. Tres años después, el limpiador jubilado sevillano repitió experiencia en el chiringuito del amor del 'dating show'. Acudió de nuevo guitarra en mano; toda una declaración de intenciones para avisar a su pretendienta de que debería compartir su corazón con su instrumento, al que considera como una novia. Carlos Sobera le presentó a Carmen (66), una sevillana muy moderna y coqueta que se llevó una grata impresión al ser recibida por Gregorio con una canción. «No me lo esperaba y me encanta. Además, toca divinamente», apuntó la mujer en los totales. El soltero sintió que el nombre de su cita era cosa del destino. Así se llaman su hija, su difunta mujer y otras dos parejas anteriores. «Me he quedado… «Fíjate, qué coincidencia», compartía con su acompañante en cuanto se sentaron en la mesa. Ambos se entendieron bien gracias a las ganas mutuas de vivir con alegría los años que les queden. También encontraron hobbies comunes, como viajar. En ese punto, Carmen quiso saber si Gregorio era aficionado a los cruceros, pero él entendió 'puchero' y la conversación se tornó surrealista. «Las lentejas no me gustan», afirmó él ante la cara de confusión de su cita. Tuvo que repetir tres veces la pregunta hasta que el sevillano logró descifrarla correctamente, con el consiguiente ataque de risa de él. La soltera contó que había hecho dos travesías en barco junto a su difunto marido. Y aprovechando, lanzaba una indirecta muy directa que Gregorio no quiso pillar. «Sola no me gusta viajar». Su cita se hizo el loco y ella captó el mensaje. «No me ha dicho siquiera '¿tú me acompañarías?'», apuntó en privado, algo molesta. En otro intento por avivar la velada, Carmen propuso un brindis. Otra vez él respondió por inercia y sin demasiado entusiasmo. La sevillana empezó a desencantarse al comprobar lo poco afectuoso que parecía. «De cariñoso no tiene nada, y yo tengo mucho que dar si la persona me la da a mí», se quejó en los totales. Sin saberlo, Gregorio le daba la razón a su cita, confirmando ante las cámaras que no había feeling entre ellos porque no entraba dentro de su prototipo. Sin embargo, para no incomodarla, respondió a cada insinuación de la mujer dando rodeos, escudándose en la guitarra y el flamenco. Fue el atajo que encontró el soltero para no decirle a las claras a Carmen que la primera cita sería la última. Recurrió a su instrumento también en el reservado, dedicándole a su acompañante una bonita canción. A ella le encantó que le tocara la guitarra. «Incluso me ha emocionado un poquito porque no me lo esperaba», admitió. Pero justo después él le tiró un jarro de agua fría al desvelar que el tema en cuestión se lo cantaba a su señora. Carmen se lo tomó como un desaire, confesando que «no me ha gustado que me esté cantando la canción y de repente mencione a la mujer». Al menos captó el mensaje y coincidió con él en que no quería una segunda cita.