El lucrativo negocio de los "expertos" en salud que nunca existieron: el divulgador Miguel A. Lurueña explica cómo encontró en dos horas más de 170 perfiles IA dedicados a extender bulos

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La mecánica es sencilla y repetitiva, Paco aconseja meter el pescado en agua nada más comprarlo. Sofía alerta sobre un truco oculto en las manzanas. Eduardo señala tres carnes supuestamente mortales. Manuel desenmascara el salmón del supermercado. Enzo recomienda escaldar la fruta.Todos hablan con seguridad y gestos ensayados, pero ninguno de ellos es real: se trata de avatares generados por inteligencia artificial que se mueven en redes sociales como si fueran ciudadanos de carne y hueso. Los guiones apenas varían de un perfil a otro y las diferencias se reducen al rostro del protagonista y al decorado de fondo.Un muestrario inagotable de personajes falsosLurueña explica que en un par de horas localizó más de 170 cuentas que seguían el mismo patrón. Abundan los ancianos de aspecto entrañable, los monjes budistas que inspiran confianza, los granjeros que apelan a la sabiduría del campo y decenas de figuras de distintas edades, etnias e idiomas. Cada versión está diseñada para conectar con un público concreto y las publicaciones se suceden con un ritmo casi industrial. El divulgador califica lo que ha encontrado como una "producción de bulos a escala industrial".Los vídeos apenas necesitan tiempo, esfuerzo o conocimientos especializados. Basta con que la inteligencia artificial identifique los temas de salud que más interacción despiertan, elabore un guion repleto de palabras magnéticas y fabrique varias decenas de piezas casi idénticas. El objetivo inmediato suele ser económico: las visualizaciones masivas permiten monetizar los contenidos o vender libros y otros productos. @gominolasdepetroleo Paco, Sofía y Eduardo no existen. Los bulos creados con inteligencia artificial inundan las redes, un fenómeno que supone un antes y un después y que tiene un potencial enorme. #gominolasmitos #gominolasbulos sonido original - Miguel A. Lurueña Una amenaza que va más allá del engaño puntualLurueña advierte de que el problema de fondo no es el puñado de euros que puedan ganar estos creadores anónimos, el problema, según el, es el potencial de la herramienta para causar un daño mucho mayor. Argumenta que la misma tecnología permite desprestigiar a empresas o sectores enteros, atentar contra la salud pública e intervenir en campañas electorales o procesos de desestabilización gubernamental. "Durante más de un siglo hemos considerado que las fotografías o los vídeos eran un fiel reflejo de la realidad, pero esto ha dejado de ser cierto", sostiene.La posibilidad de generar imágenes hiperrealistas que no se distinguen de las auténticas altera una certeza que la sociedad daba por firme. Algunos detalles todavía delatan la intervención de la inteligencia artificial, pero la tecnología avanza lo bastante rápido como para que cada vez sea más difícil separar lo grabado de lo sintético. "Nuestros ojos ya no bastan para distinguir la realidad de la ficción", resume el divulgador, que pide extremar el sentido crítico antes de creer o compartir un contenido: si algo parece demasiado extraño para ser cierto, lo más probable es que no lo sea.