Cenar una noche con la periodista Federica Angeli implica asumir que no se podrá elegir mesa. Quien la acompañe no podrá sentarse junto a la ventana, ni disfrutar de la terraza, ni improvisar cambios de último minuto. La escolta armada que la acompaña lo decidirá todo, eligiendo siempre el rincón más oscuro y protegido del local, lejos de cualquier línea de tiro directo. Esa es la primera lección de la "soledad social", como ella misma la define. "Muchos amigos desaparecieron de repente. No todo el mundo está dispuesto a cenar con alguien sabiendo que eres un objetivo móvil, que tu mera presencia convierte un restaurante en una potencial zona de conflicto", confiesa Angeli. Por eso, al final, en su mesa solo se sientan los pocos amigos que han resistido el desgaste del miedo.Seguir leyendo....